sábado, 19 de septiembre de 2026

SN 2026oxc: una supernova en la espiral barrada UGC 12394


UGC 12394 es una galaxia espiral barrada que, pese a su discreta apariencia, deja entrever algunos detalles interesantes en la imagen. Su clasificación morfológica, SBab, la sitúa en un tipo intermedio entre las espirales barradas SBa y SBb. En nuestra fotografía destaca una región central brillante, rodeada por una luminosidad más tenue que se extiende por el disco. La versión en negativo permite apreciar mejor esta envoltura e insinúa algunos trazos curvos compatibles con sus brazos espirales, aunque no llegan a resolverse con claridad.

Según los datos recopilados en NED, su desplazamiento al rojo es de 0,021832, correspondiente a una velocidad heliocéntrica de unos 6545 km/seg. Adoptando la distancia estimada con las correcciones por los movimientos de las galaxias respecto al flujo general de expansión, UGC 12394 se encuentra a unos 310 millones de años luz. Se trata de una estimación basada en su desplazamiento al rojo, ya que la base de datos no recoge medidas de distancia independientes.

Su diámetro aparente ronda un minuto de arco, aproximadamente una treintava parte del diámetro de la Luna llena. A la distancia considerada, esta pequeña extensión corresponde a un diámetro óptico de unos 90 000 años luz. Su magnitud en la banda azul es de aproximadamente 14,6, aunque la luz se reparte por una superficie extensa y las regiones exteriores resultan bastante más difíciles de registrar que su brillante zona central.

Entre las observaciones disponibles figura un espectro obtenido con el radiotelescopio de Arecibo, de 305 metros de diámetro. En este caso, la señal registrada procede del hidrógeno neutro, que emite en la línea de radio de 21 centímetros. Así, además de la luz de sus estrellas que recogemos en la fotografía, disponemos de observaciones del gas atómico de la galaxia. La referencia que recoge este espectro es también la que NED utiliza para su velocidad de referencia.

Por último, SIMBAD la identifica como candidata a galaxia con núcleo activo. Es un detalle que conviene mencionar con prudencia: esa condición no equivale a una actividad nuclear confirmada, y el aspecto luminoso del centro en nuestra imagen tampoco permite demostrarla. En cualquier caso, UGC 12394 ofrece algo más que una tenue mancha de fondo: una espiral distante cuya estructura comienza a insinuarse en la fotografía.

El motivo de dirigir el telescopio hacia UGC 12394 fue la supernova SN 2026oxc, descubierta el 11 de junio de 2026 por el programa ATLAS desde su instalación del Teide, en Tenerife. En aquel momento presentaba una magnitud de 18,85 en la banda ancha utilizada por el instrumento y recibió la denominación interna ATLAS26hbm. Aunque el descubrimiento se anunció con esas imágenes, los registros incorporados posteriormente al TNS incluyen una detección de ZTF del 9 de junio, con magnitud 19,61 en la banda r.

Las primeras observaciones suscitaron cierto interés. En la AstroNote 2026-191, el equipo de ATLAS comunicó que la fotometría realizada sobre imágenes anteriores revelaba señal los días 8 y 9 de junio. Estos datos sugerían un breve exceso de brillo durante el ascenso inicial, que los autores interpretaron provisionalmente como un posible episodio de enfriamiento posterior a un choque. Era una propuesta temprana, formulada cuando todavía se solicitaban espectros para determinar la naturaleza del transitorio, y no una explicación confirmada.

La clasificación llegó el 15 de junio. El equipo de ZTF obtuvo un espectro con el instrumento SEDM del telescopio de 1,5 metros de Palomar, identificándola como una supernova de tipo Ia. Ese mismo día, otra observación con ALFOSC en el Nordic Optical Telescope, comunicada por la colaboración GOTO, respaldó la clasificación: el espectro mostraba semejanzas con los de supernovas Ia normales próximas al máximo. Este tipo de explosiones se asocia a la destrucción termonuclear de una enana blanca en un sistema binario.

Durante aquellos días la supernova aumentó notablemente de brillo. Una medida de GOTO del 19 de junio la situaba en magnitud 16,38 en su banda L. Los puntos disponibles en las capturas no permiten fijar con precisión el máximo, pero sí muestran que llegó a ser bastante más luminosa que en el momento de su descubrimiento.

Mi observación corresponde al 12 de septiembre de 2026, unos tres meses después del anuncio inicial. La imagen se obtuvo desde el observatorio de Posadas, MPC J53, con el Celestron 14 y la cámara QHY268M, sumando veinte exposiciones de 120 segundos: cuarenta minutos de integración, con una escala de 0,83 segundos de arco por píxel. La medida fotométrica fue de 18,97, referida a la banda G de Gaia. Aunque las diferentes bandas impiden comparar directamente todas las magnitudes, el registro es coherente con una supernova ya bastante debilitada respecto a las observaciones de junio.

SN 2026oxc se encuentra a unos 11,7 segundos de arco al norte del centro de UGC 12394, proyectada sobre la luminosidad de su disco. En la imagen aparece como un pequeño punto próximo a la región central, señalado con una flecha. El recorte en negativo facilita su identificación y permite distinguirla del núcleo: dos concentraciones de luz cercanas en apariencia, una perteneciente al centro de la galaxia y otra a una explosión estelar que todavía podemos registrar meses después de su descubrimiento.

viernes, 18 de septiembre de 2026

SN 2026zji: una supernova que eclipsa a su propia galaxia


 La SN 2026zji apareció en una galaxia bastante anónima de la constelación de Cefeo, catalogada como LEDA 2640544, WISEA J200434.41+623836.6 y 2MASX J20043443+6238361. No consta para ella una clasificación morfológica fiable y, en las imágenes de archivo, apenas se distingue como una pequeña mancha difusa ligeramente alargada.

Su corrimiento al rojo, z = 0,023866, corresponde a una velocidad heliocéntrica de 7155 km/s. NED estima una distancia de unos 105–109 megapársecs, aproximadamente 340–355 millones de años luz. La galaxia presenta unas dimensiones aparentes totales de 27,2 × 18,5 segundos de arco en el infrarrojo de 2MASS, equivalentes a un diámetro máximo cercano a 14 kilopársecs. Por tanto, no parece especialmente pequeña en términos físicos: es su considerable distancia y su reducido brillo superficial lo que hace que resulte tan poco llamativa.

En ella fue descubierta el 21 de agosto de 2026 la supernova SN 2026zji, posteriormente clasificada como una supernova de tipo Ia

Mi imagen fue obtenida el 11 de septiembre de 2026. En ella, la supernova aparece como una fuente estelar brillante y la galaxia anfitriona apenas puede reconocerse como una débil nebulosidad a su alrededor. La explosión se produjo muy cerca de la zona central de la galaxia y, en la práctica, la supernova se la ha comido por completo: resulta mucho más evidente la luz de una sola estrella destruida que el resplandor conjunto de los miles de millones de estrellas que forman la galaxia situada detrás.

SN 2026zyg: una joven supernova de tipo II en LEDA 166684


 La galaxia que alberga a SN 2026zyg no es precisamente uno de esos objetos sobre los que resulte fácil encontrar abundante información. Se trata de LEDA 166684, también catalogada como WISEA J203528.86+513527.4, una galaxia situada en la constelación de Cygnus cuya presencia en la literatura procede fundamentalmente de grandes catálogos y cartografiados del cielo. En la imagen en negativo obtenida durante nuestra observación puede distinguirse su débil estructura, dominada por una región central relativamente brillante rodeada por una envoltura mucho más difusa. Ha sido catalogada como una galaxia espiral de tipo Sc, aunque las bases de datos apenas aportan información morfológica más detallada.

Las medidas espectroscópicas proporcionan un desplazamiento al rojo de z = 0,010764, equivalente a una velocidad heliocéntrica de unos 3227 km/s. A estas distancias las velocidades peculiares de las galaxias todavía tienen una influencia apreciable, por lo que la distancia estimada depende del sistema de referencia y de las correcciones adoptadas. NED obtiene alrededor de 51,7 Mpc al corregir el flujo de Hubble por los efectos de Virgo, el Gran Atractor y Shapley, lo que equivale aproximadamente a 168 millones de años luz. No se dispone, en cambio, de una determinación de distancia independiente del desplazamiento al rojo.

LEDA 166684 tampoco es una galaxia diminuta. Las medidas de 2MASS en el infrarrojo cercano proporcionan un diámetro aparente de unos 91 segundos de arco, que a la distancia adoptada por NED corresponde a aproximadamente 23 kpc, unos 74.000 años luz. La galaxia ha sido detectada además en un amplio intervalo de longitudes de onda, desde el infrarrojo hasta las ondas de radio, y SIMBAD la recoge como fuente de radio. Sin embargo, la escasa información disponible no permite atribuirle a partir de estos datos una actividad nuclear concreta. Hasta la aparición de SN 2026zyg, LEDA 166684 era, en definitiva, una de las innumerables galaxias discretamente registradas por los grandes estudios modernos del cielo


.El tranquilo anonimato de LEDA 166684 se rompió a finales de agosto de 2026. El sistema automático ATLAS detectó el 28 de agosto una nueva fuente, denominada inicialmente ATLAS26koz (AT 2026zyg), con una magnitud de 18,05 en su filtro naranja. La detección resultó especialmente interesante porque el transitorio acababa de aparecer: apenas un día antes ATLAS no registraba ningún objeto en aquella posición hasta aproximadamente magnitud 19,3, mientras que la fotometría forzada encontraba débiles indicios previos y mostraba una fuente en rápido ascenso.

La nueva estrella se encontraba desplazada unos 13,5 segundos de arco hacia el este y 3,5 hacia el sur del centro de LEDA 166684. ATLAS estimó inicialmente una magnitud absoluta cercana a −16,5, teniendo en cuenta tanto la distancia de la galaxia como la importante absorción interestelar existente en esta dirección, muy próxima al plano de nuestra propia Galaxia. Todo apuntaba, por tanto, a una supernova descubierta en una fase particularmente temprana de su evolución.

La confirmación llegó rápidamente. El 29 de agosto se obtuvo un espectro mediante el Hobby-Eberly Telescope, cuyo rasgo más destacado era una intensa emisión de hidrógeno Hα superpuesta sobre un continuo enrojecido y todavía pobre en características espectrales. El aspecto era consistente con el de una supernova de tipo II joven, clasificación que recibió definitivamente el objeto como SN 2026zyg. Además, el desplazamiento al rojo deducido de Hα, z = 0,01054, coincide con el de LEDA 166684, dejando bien establecida su pertenencia a esta galaxia.

Las supernovas de tipo II corresponden al colapso del núcleo de estrellas masivas que todavía conservan hidrógeno en sus capas externas en el momento de la explosión. En el caso de SN 2026zyg, por ahora no se ha establecido en el TNS un subtipo más preciso, por lo que resulta preferible mantener simplemente su clasificación como SN II.

Nuestra imagen fue obtenida el 10 de septiembre de 2026, unos trece días después del descubrimiento, utilizando el Celestron 14 y la QHY268MM. La supernova aparece perfectamente individualizada en la periferia de la galaxia, a pesar del extraordinariamente poblado campo estelar que la rodea. La magnitud que hemos medido alcanzaba magnitud 17,88 G, todavía fácilmente detectable en las imágenes. El recuadro en negativo permite apreciar con mayor claridad tanto la débil estructura de LEDA 166684 como la posición de la supernova sobre una de sus regiones externas.

Novas en M31: pequeñas explosiones en la galaxia de Andrómeda


Messier 31 no necesita demasiadas presentaciones. La gran galaxia de Andrómeda es uno de los objetos más conocidos del cielo y, con una distancia cercana a los 2,5 millones de años luz, constituye además nuestro gran vecino galáctico. En la imagen que acompaña estas líneas, la focal utilizada no permite abarcarla por completo y nos muestra únicamente su región central: el brillante bulbo domina el campo mientras, a su alrededor, comienzan a distinguirse las estructuras más oscuras producidas por el polvo de su disco.

Pero en esta ocasión no pretendía obtener una imagen de conjunto de M31. Mi interés estaba en tres diminutos puntos de luz escondidos entre la enorme cantidad de estrellas y el resplandor de la propia galaxia. Los tres corresponden a novas aparecidas recientemente en Andrómeda.

Una nova es el resultado de un fenómeno bastante más complejo de lo que podría sugerir ese aparentemente insignificante punto de luz. Se produce en un sistema binario que contiene una enana blanca y una estrella compañera. La enana blanca recibe material procedente de esta última —habitualmente a través de un disco de acreción— y este se va acumulando sobre su superficie. Al aumentar progresivamente la temperatura y la densidad en la base de la capa acumulada, llega un momento en que se inicia la fusión del hidrógeno en condiciones que provocan una fuga termonuclear. Parte o la totalidad del material acumulado es entonces expulsado y el sistema experimenta un espectacular aumento de luminosidad.

Conviene no confundir este fenómeno con una supernova. En una nova, la explosión no supone necesariamente la destrucción de la enana blanca. Pasada la erupción, la transferencia de materia puede reanudarse y comenzar de nuevo el proceso. En realidad, las erupciones de nova son fenómenos recurrentes; lo que cambia enormemente es el intervalo necesario para que vuelva a producirse una nueva explosión. Cuando se han observado varias erupciones de un mismo sistema separadas por intervalos relativamente cortos, hablamos específicamente de novas recurrentes. En los casos más extremos conocidos en M31, esos intervalos pueden llegar a ser de apenas unos años.

Las novas tampoco constituyen una población uniforme. Algunas alcanzan el máximo y se desvanecen con extraordinaria rapidez, mientras que otras evolucionan mucho más lentamente. Una de las magnitudes utilizadas para describir este comportamiento es t₂, el tiempo que tarda una nova en disminuir dos magnitudes desde su máximo. Su luminosidad, velocidad de evolución, velocidad del material expulsado y tiempo de recurrencia dependen de las propiedades del sistema progenitor, y particularmente de dos parámetros fundamentales: la masa de la enana blanca y la tasa a la que esta recibe materia. Una enana blanca masiva con una elevada tasa de acreción necesita acumular una cantidad relativamente pequeña de material antes de alcanzar nuevamente las condiciones necesarias para desencadenar una erupción.

La espectroscopia revela igualmente importantes diferencias entre unas novas y otras. Tradicionalmente se han distinguido, entre otras, las clases Fe II y He/N, atendiendo a las características de sus espectros. Esta división, sin embargo, parece ser menos rígida de lo que se pensaba: observaciones recientes muestran que algunas novas pueden presentar líneas correspondientes a ambas clases en diferentes momentos de su evolución, por lo que la propia clasificación espectroscópica continúa siendo objeto de revisión.

Y es precisamente aquí donde Andrómeda adquiere una importancia especial. M31 es una galaxia suficientemente próxima como para detectar y estudiar individualmente un gran número de sus novas, pero al mismo tiempo nos ofrece la posibilidad de analizar toda una población de estos sistemas situada, a efectos prácticos, a una distancia común y perteneciente a una misma galaxia. Por este motivo ha desempeñado un papel fundamental en el estudio de las poblaciones de novas. Un trabajo reciente de Shafter y Hornoch analiza una muestra homogénea de 177 novas de M31, 143 de ellas incorporadas después de 2009, estudiando sus curvas de luz y algunas de las propiedades físicas de sus sistemas progenitores.

M31 ofrece además la oportunidad de preguntarnos si las novas pertenecientes a distintas poblaciones estelares se comportan de manera diferente. Su prominente bulbo está dominado por una población estelar antigua, mientras que el disco contiene poblaciones con historias evolutivas diferentes. En principio, la historia de formación estelar puede influir en las características de una población de novas: poblaciones formadas más recientemente pueden conservar sistemas activos con enanas blancas más masivas, capaces de producir, en promedio, erupciones más rápidas, luminosas y con menores tiempos de recurrencia.

La realidad observacional, sin embargo, resulta más complicada. La fuerte inclinación de M31 dificulta separar inequívocamente los objetos pertenecientes al bulbo y al disco y, además, las regiones centrales han sido observadas con mucha mayor frecuencia. Por ello, la distribución de las novas conocidas no reproduce necesariamente su distribución real. Con la amplia muestra estudiada recientemente no se encuentra una diferencia estadísticamente significativa entre la distribución espacial de las novas rápidas y lentas, ni tampoco entre las clasificadas espectroscópicamente como Fe II y He/N.

Todo esto permanece completamente oculto en una fotografía como la que encabeza esta entrada. A nuestra escala, una nova de M31 no es más que un minúsculo punto de apariencia estelar perdido sobre el fondo de Andrómeda. Sin embargo, su luz ha recorrido cerca de dos millones y medio de años antes de alcanzar nuestro telescopio y procede de un sistema binario en el que, durante unos días o semanas, se está desarrollando uno de los fenómenos más energéticos de la evolución de las estrellas binarias.

Durante estas últimas noches he podido registrar tres de estas novas en M31. Vamos a acercarnos ahora a cada una de ellas por separado, porque detrás de esos tres pequeños puntos de luz hay tres historias diferentes.

La primera de las tres novas es AT 2026aabo (ZTF26abramlb), situada en una región del disco de M31, en las coordenadas AR 00h 44m 54,26s y Dec +41° 33′ 10,5″ (J2000). El objeto fue descubierto por el Zwicky Transient Facility (ZTF) el 29 de agosto de 2026 a las 09:28:58 UT, cuando presentaba una magnitud g = 18,58. Cuatro días antes, el 25 de agosto, no había sido detectado hasta un límite de aproximadamente magnitud 20,83, por lo que el inicio de la erupción pudo quedar bastante bien acotado.

Lo que siguió fue un ascenso extraordinariamente rápido. La fotometría forzada de ATLAS mostró un fuerte incremento de brillo y, en la noche del 31 de agosto, observaciones realizadas con el GROWTH-India Telescope situaron ya a la nova en g = 15,30 ± 0,01. En menos de tres días había aumentado su brillo en más de 3,3 magnitudes.

La espectroscopia permitió pronto confirmar que no estábamos simplemente ante un nuevo punto luminoso aparecido sobre el disco de Andrómeda. Dos espectros obtenidos los días 1 y 2 de septiembre con el Himalayan Chandra Telescope mostraron prominentes multipletes de Fe II, junto con perfiles P-Cygni en las líneas de Balmer, características que llevaron a clasificar el transitorio como una nova de tipo Fe II.

Sin embargo, la historia se complicó poco después. Un espectro obtenido el 2 de septiembre con CAFOS, instalado en el telescopio de 2,2 metros del Observatorio de Calar Alto, mostraba líneas estrechas de absorción de Fe II, Ti II e hidrógeno desplazadas hacia el azul. La velocidad de absorción se estimó en unos −800 km/s, una vez tenida en cuenta la resolución instrumental. Estas características parecían compatibles con las esperadas durante las primeras etapas de una nova roja luminosa (luminous red nova, LRN), por lo que durante unos días AT 2026aabo pasó a ser considerada candidata a este tipo de objeto y se solicitaron nuevas observaciones espectroscópicas para aclarar su verdadera naturaleza. 

La diferencia no era precisamente menor. Pese al nombre, una nova roja luminosa constituye un fenómeno físico distinto de una nova clásica: se relaciona con la interacción extrema y posible fusión de las componentes de un sistema binario, mientras que en una nova clásica estamos observando una erupción termonuclear del material acumulado sobre una enana blanca.

Afortunadamente, la propia evolución del objeto terminó resolviendo la incógnita. Un nuevo espectro obtenido en Calar Alto el 5 de septiembre, mediante dos exposiciones de 1200 segundos, mostró líneas prominentes de Fe II y O I, además de amplias emisiones de hidrógeno. La componente de absorción de Hα alcanzaba entonces una velocidad máxima próxima a 2000 km/s. El conjunto de características espectrales resultaba compatible con el observado en las novas Fe II y proporcionó la confirmación adicional que faltaba: AT 2026aabo era realmente una nova Fe II en M31. Esta es también su clasificación actual en el TNS.

El episodio resulta además un buen ejemplo de por qué la clasificación de una nova no siempre puede reducirse a una etiqueta obtenida de un único espectro. Como vimos anteriormente, las propiedades espectrales pueden evolucionar durante la erupción, y la tradicional separación entre las clases Fe II y He/N resulta más compleja de lo que durante mucho tiempo se había supuesto. En AT 2026aabo bastaron unos pocos días de evolución y nuevos espectros para modificar sustancialmente la interpretación inicial de algunas de sus características.

Mi observación fue realizada bastante después, durante la noche del 13 de septiembre de 2026, cuando la nova se encontraba ya en pleno descenso. Utilicé el Celestron 14 y la QHY268MM, integrando 20 exposiciones de 120 segundos, y obtuve para el objeto una magnitud aproximada de 18,32 G. Para entonces habían transcurrido unos quince días desde su primera detección y AT 2026aabo había perdido ya alrededor de tres magnitudes respecto al brillo alcanzado a finales de agosto.

En la imagen general apenas constituye un diminuto punto entre la enorme densidad estelar y las estructuras del disco de M31. El recorte permite localizarla con mayor facilidad, pero sigue resultando sorprendente pensar que ese débil punto de magnitud 18 corresponde al mismo sistema que, apenas dos semanas antes, había experimentado una violenta erupción termonuclear y aumentado su luminosidad en cuestión de días.


La segunda nova observada, AT 2026aaom, se encuentra mucho más cerca del centro de la galaxia, en las coordenadas AR 00h 42m 50,38s y Dec +41° 18′ 58,8″ (J2000). Su proximidad al brillante bulbo de M31 condiciona por completo su observación: aunque llegó a alcanzar aproximadamente la magnitud 15–16, aparece proyectada sobre un fondo extraordinariamente luminoso y estructurado. De hecho, se encuentra a tan solo unos 183 segundos de arco —algo más de 3 minutos de arco— del núcleo de M31.

En este caso, además, el descubrimiento tuvo origen amateur. Fue encontrada por Róbert Fidrich y Tamás Tordai, dentro del programa HAA/VSS, utilizando el telescopio Dall-Kirkham de 0,43 metros del Alnitak Remote Observatory, en Sierra del Segura (España). Combinaron cuatro exposiciones de 90 segundos tomadas con filtro de luminancia y detectaron el nuevo objeto el 4 de septiembre de 2026 a las 03:37:44 UT, con una magnitud aproximada de 18,2. Recibió inicialmente la denominación interna Vend91, además de PNV J00425038+4118587, antes de incorporarse al TNS como AT 2026aaom.

Y su evolución fotométrica fue llamativa. El objeto aumentó rápidamente de brillo durante los días siguientes. ATLAS lo registró el 5 de septiembre en magnitud 17,28; ZTF obtuvo valores próximos a 17,3 ese mismo día y, para el 9 de septiembre, GOTO lo encontraba ya alrededor de 15,87. Las observaciones posteriores muestran que permanecía cerca de ese nivel varios días después: el Liverpool Telescope midió r = 15,83 el día 12.

La confirmación de su naturaleza llegó mediante espectroscopia. Un primer espectro obtenido el 11 de septiembre por Claudio Balcon mostraba fuertes líneas de la serie de Balmer y el característico «bosque» de emisiones de Fe II, suficiente para identificar el objeto como una nova de M31. Un segundo espectro, obtenido al día siguiente con el espectrógrafo SPRAT del Liverpool Telescope de 2 metros, confirmó la presencia de Hα, Hβ, Hγ y Hδ junto a numerosas líneas de Fe II. La anchura a media altura de Hα correspondía aproximadamente a 1800 km/s, llevando a una clasificación más concreta como nova de tipo Fe II.

Tenemos por tanto otro ejemplo de la clase espectroscópica que ya encontramos en AT 2026aabo, aunque su historia observacional es bastante diferente. En AT 2026aaom no aparece la incertidumbre inicial entre una nova clásica y una nova roja luminosa que vimos en el objeto anterior: los dos espectros disponibles son compatibles entre sí y muestran las características propias de una nova Fe II.

Mi imagen fue obtenida durante la noche del 12 de septiembre, con el Celestron 14 y la QHY268MM, mediante 20 exposiciones de 120 segundos. La fotometría realizada sobre las imágenes proporcionó una magnitud aproximada de 15,68 G, convirtiéndola en la más brillante de las tres novas observadas.

Pero en este caso la magnitud cuenta solamente una parte de la historia. AT 2026aaom está proyectada sobre las regiones internas de M31 y muy próxima a su brillante núcleo. En la imagen procesada para mostrar la galaxia de forma convencional, la nova resulta sorprendentemente discreta para un objeto de magnitud 15,7. Es necesario desplazar considerablemente el histograma, sacrificando por completo las zonas centrales de la galaxia, para reducir visualmente el intenso fondo sobre el que se encuentra y hacer que la nova destaque con claridad.

El recorte muestra mucho mejor esta dificultad. La estrella señalada por la flecha es AT 2026aaom, inmersa en el resplandor del bulbo de Andrómeda. No es que la nova sea débil: es el cielo que tiene detrás el que es extraordinariamente brillante. Precisamente por ello, esta observación ilustra muy bien uno de los principales problemas de la búsqueda y la fotometría de novas en M31. Un mismo estallido puede resultar relativamente sencillo de detectar en las regiones externas de la galaxia y mucho más difícil si se produce proyectado sobre el bulbo.

La última de las tres novas observadas es también la más reciente. AT 2026abeq, también denominada PSP26S y PNV J00421276+4116284, fue descubierta por el programa Xingming Observatory Sky Survey (XOSS) el 10 de septiembre de 2026 a las 22:01 UT, apenas día y medio antes de mi observación. Se encuentra en las coordenadas AR 00h 42m 12,76s y Dec +41° 16′ 28,4″ (J2000), proyectada sobre el disco de M31.

En las imágenes del descubrimiento presentaba una magnitud de 18,67 en luz sin filtrar. La detección se realizó sobre varias exposiciones de 60 segundos, con una magnitud límite próxima a 19,5. Resulta especialmente interesante la imagen obtenida por el mismo equipo la noche anterior, el 9 de septiembre, en la que el objeto todavía no aparecía hasta ese límite. Para el 11 de septiembre ya había aumentado hasta 17,58 ± 0,16, mostrando por tanto un rápido crecimiento de brillo durante sus primeras horas conocidas.

Otros observadores confirmaron inmediatamente el transitorio. En particular, Michel Michaud lo midió el 12 de septiembre en magnitud 18,1 sin filtro, mientras que una imagen suya obtenida diez días antes no mostraba ningún objeto en esa posición hasta magnitud 20,1. GOTO también registró el transitorio durante las noches del 10 y 12 de septiembre.

A diferencia de AT 2026aaom, sin embargo, conviene mantener cierta cautela con su naturaleza. El descubrimiento fue comunicado como candidata a nova de M31, pero hasta el momento no aparece en el TNS una clasificación espectroscópica que permita confirmarla y, mucho menos, asignarla a una clase como Fe II o He/N. Por tanto, mientras no dispongamos de esa confirmación, lo más correcto es seguir refiriéndonos a AT 2026abeq como candidata a nova.

Mi imagen fue obtenida durante la noche del 12 de septiembre, utilizando nuevamente el Celestron 14 y la QHY268MM, mediante 20 exposiciones de 120 segundos. La fotometría realizada sobre las imágenes proporcionó 17,83 G, un valor razonablemente próximo a las observaciones disponibles durante esas fechas.

Y aquí aparece una curiosidad que resulta especialmente ilustrativa. AT 2026abeq y AT 2026aaom están presentes en exactamente la misma imagen, pero las enormes diferencias del fondo galáctico sobre el que se proyectan hacen difícil mostrarlas adecuadamente al mismo tiempo.

Para hacer visible AT 2026aaom, situada muy cerca del núcleo, fue necesario ajustar el histograma de manera que pudiéramos penetrar en el intenso resplandor del bulbo. AT 2026abeq plantea el problema contrario: es unos dos magnitudes más débil, pero se encuentra más alejada del núcleo y proyectada sobre una región del disco de menor brillo superficial. Para mostrarla con claridad he tenido que desplazar el histograma en sentido contrario, realzando las zonas más débiles de la galaxia.

El resultado es bastante curioso: cuando AT 2026abeq aparece perfectamente visible, la mucho más brillante AT 2026aaom queda completamente engullida por el núcleo de M31. Y si procesamos la misma imagen para mostrar adecuadamente aquella, perdemos buena parte de la información de las regiones más débiles donde se encuentra esta.

Una magnitud estelar, por sí sola, no nos dice lo fácil que resultará detectar una nova en M31. Importa enormemente el lugar de la galaxia sobre el que aparece proyectada. El intenso gradiente de luminosidad del bulbo, las estructuras del disco y las oscuras bandas de polvo producen fondos radicalmente distintos incluso dentro de una misma exposición.

AT 2026abeq está situada en una región donde las bandas de polvo de M31 son perfectamente reconocibles. En el recorte se aprecia la candidata señalada junto a una de estas estructuras oscuras, de modo que aquí ya no estamos viendo simplemente un punto estelar superpuesto a una mancha difusa: podemos situarlo visualmente dentro de la compleja estructura del disco de Andrómeda.


jueves, 17 de septiembre de 2026

NGC 7292: dos supernovas en una galaxia irregular


NGC 7292 es una galaxia irregular situada en la constelación de Pegaso, catalogada también como UGC 12048, MCG +05-53-003 y CGCG 495-003. Su clasificación morfológica habitual es IBm, es decir, una irregular barrada de tipo magallánico, una familia de galaxias cuyo representante más cercano y conocido es la Gran Nube de Magallanes. Su aspecto hace justicia a esa clasificación: lejos de presentar una estructura simétrica y bien definida, NGC 7292 muestra una barra muy destacada rodeada por una distribución irregular de estrellas y numerosas regiones de formación estelar. El propio Gusev y sus colaboradores destacan que se trata de una galaxia relativamente poco estudiada a pesar de la complejidad que revela su estructura.

Se encuentra además en la periferia del grupo de NGC 7331, aunque no posee compañeros próximos conocidos. Uno de los problemas a la hora de establecer sus propiedades físicas es, curiosamente, su distancia. Su velocidad heliocéntrica está muy bien determinada, alrededor de 987 km/s, pero a una galaxia tan cercana las velocidades peculiares tienen suficiente importancia como para que convertir simplemente el desplazamiento al rojo en distancia resulte poco fiable. Los diferentes trabajos han adoptado valores sensiblemente distintos. Gusev y colaboradores utilizan 6,82 Mpc, procedentes de Tully et al. (2009), y advierten expresamente de que la distancia continúa siendo una cuestión abierta. NED, por su parte, ofrece actualmente una media de las estimaciones independientes del redshift de 11,82 ± 1,27 Mpc, mientras que la distancia obtenida a partir del movimiento respecto al fondo cósmico de microondas es de 9,62 ± 0,76 Mpc. Es, por tanto, más prudente no atribuir a NGC 7292 una distancia excesivamente precisa.

Esta incertidumbre repercute directamente en cualquier tamaño que queramos asignarle. NED recoge un diámetro óptico de aproximadamente 138 segundos de arco y, utilizando su distancia media independiente del redshift, obtiene un diámetro físico de unos 7,9 kpc. Es, en cualquier caso, una galaxia de dimensiones modestas. En cambio, su componente gaseosa se extiende considerablemente: las observaciones interferométricas en la línea de 21 cm muestran un disco de hidrógeno neutro de unos 3 minutos de arco de diámetro, que sobrepasa claramente la zona óptica y presenta una distribución aproximadamente circular, aunque con algunas asimetrías en sus regiones exteriores.

NGC 7292 es también una galaxia activamente formadora de estrellas. Numerosas regiones H II recorren su estructura y las más brillantes se concentran alrededor de la barra y especialmente en sus extremos. Una estimación publicada de su tasa de formación estelar proporciona aproximadamente 0,22 ± 0,04 masas solares por año. Puede parecer una cifra pequeña comparada con la de una gran espiral, pero resulta significativa para una galaxia de estas dimensiones. Las imágenes en Hα muestran perfectamente esa actividad en forma de condensaciones y cadenas de nebulosas ionizadas que rompen todavía más la ya de por sí irregular apariencia de la galaxia.

Su composición química también corresponde a la de una galaxia relativamente poco enriquecida. El estudio espectroscópico de nueve regiones H II realizado por Gusev y Dodin obtuvo una abundancia media de oxígeno de 12 + log(O/H) = 8,26 ± 0,03 y de nitrógeno de 12 + log(N/H) = 6,86 ± 0,07. Más interesante que los propios números es la distribución de esos elementos dentro de la galaxia: no se aprecia un gradiente radial significativo de metalicidad, algo que posteriormente resultará importante para interpretar la historia evolutiva de NGC 7292.

NGC 7292 ya había sido escenario de una explosión estelar mucho antes de la supernova que motiva estas observaciones. El 14 de junio de 1964, H. S. Gates descubrió SN 1964H, que alcanzaba entonces aproximadamente la magnitud 14,8 y fue posteriormente clasificada como una supernova de tipo II. Su posición, AR 22h 28m 24,06s, Dec. +30° 17′ 23,5″ (J2000), la sitúa en la parte occidental de la galaxia, en una zona donde se encuentran varias de sus regiones de formación estelar. En mi imagen he marcado con un círculo rojo el lugar en el que apareció hace ya más de sesenta años.

La historia de SN 1964H ha tenido además una interesante continuación décadas después de su descubrimiento. En 2023 se publicó una espectacular imagen de NGC 7292 obtenida con el telescopio espacial Hubble, pero la elección de esta pequeña galaxia no fue casual. Formaba parte de un programa destinado a estudiar los entornos de antiguas supernovas de tipo II. En el caso de SN 1964H, las imágenes de alta resolución permiten estudiar la población estelar que permanece en las inmediaciones del lugar de la explosión, con el objetivo de obtener información sobre la masa inicial de la estrella progenitora e incluso buscar posibles compañeras supervivientes de un sistema binario.

La segunda supernova conocida en NGC 7292 es SN 2026fov, descubierta por el veterano observador japonés Koichi Itagaki el 14 de marzo de 2026, a las 20:25:50 UT. En el momento del descubrimiento alcanzaba aproximadamente la magnitud 13,5 en luz no filtrada, por lo que se trataba de un objeto relativamente brillante. Su posición, AR 22h 28m 27,18s, Dec. +30° 17′ 54,4″ (J2000), la sitúa al nordeste de la región central de NGC 7292, proyectada sobre la estructura irregular de la galaxia.

Tres días después, el 17 de marzo, Claudio Balcon obtuvo desde el Observatorio de Belluno un espectro que permitió clasificarla como una supernova de tipo II. La comparación mediante GELATO indicaba un espectro semejante al de una SN II aproximadamente dos semanas después de la explosión, y el desplazamiento al rojo obtenido era compatible con el de NGC 7292 (z = 0,003292). En el espectro destaca especialmente la amplia estructura correspondiente a , característica de una explosión rica en hidrógeno. De nuevo estamos, por tanto, ante el colapso del núcleo de una estrella masiva, igual que sucedió con SN 1964H.

Hay además una curiosidad especialmente interesante. Poco después del descubrimiento se señaló que en las imágenes obtenidas por el telescopio espacial Hubble en noviembre de 2022 aparece una fuente muy roja prácticamente en la posición donde, más de tres años después, explotaría SN 2026fov. Se ha sugerido que podría tratarse de una supergigante roja y, por tanto, de un posible candidato a progenitor. Sin embargo, por el momento se trata únicamente de una coincidencia posicional aparentemente muy interesante: sería necesario un estudio astrométrico y fotométrico específico de las imágenes preexplosión para establecer si aquella fuente corresponde realmente a la estrella que produjo la supernova. La circunstancia resulta especialmente afortunada porque aquellas imágenes del Hubble se obtuvieron para estudiar el entorno de SN 1964H, la anterior supernova de tipo II conocida en NGC 7292, dejando involuntariamente una imagen preexplosión de la región donde aparecería SN 2026fov en 2026.

La evolución fotométrica recopilada por David Bishop muestra además que SN 2026fov ha permanecido observable durante muchos meses. Tras mantenerse alrededor de las magnitudes 13,5–14 durante las primeras semanas, fue debilitándose progresivamente: hacia mediados de junio ya rondaba la magnitud 15–16 y durante julio y agosto se situó aproximadamente entre 16 y 17, dependiendo del filtro y del observador. Es una evolución perfectamente compatible, de manera cualitativa, con una supernova de tipo II que ha entrado hace tiempo en sus fases tardías.

 La noche del 10 de septiembre de 2026, casi seis meses después de su descubrimiento, SN 2026fov continuaba siendo perfectamente registrable con el C14. En una integración de 20 exposiciones de 120 segundos obtuve G = 16,71, todavía suficientemente brillante para destacar sobre el fondo de NGC 7292. Resulta especialmente llamativo pensar que estamos registrando una explosión descubierta en marzo.

lunes, 14 de septiembre de 2026

NGC 7331 vuelve a estallar: SN 2026aaiv y la nueva campaña de Observadores de Supernovas


 NGC 7331 es una de esas galaxias que resultan inmediatamente reconocibles incluso en imágenes obtenidas con equipos modestos. Situada en la constelación de Pegaso, aparece fuertemente inclinada respecto a nuestra línea de visión, mostrando un brillante núcleo rodeado por un disco en el que destacan numerosas condensaciones y bandas de polvo. En la imagen que acompaña estas líneas, obtenida desde nuestro observatorio, su aspecto puede recordar en cierto modo al que tendría la Vía Láctea contemplada desde el exterior, una comparación que aparece con frecuencia en la literatura. No es una equivalencia exacta, pero ambas son grandes galaxias espirales con una formación estelar moderada y una compleja distribución de gas y polvo. Estudios recientes sitúan la tasa de formación estelar de NGC 7331 en unos pocos soles por año.

Su distancia ha recibido estimaciones algo diferentes dependiendo del método utilizado. Para este artículo adoptaremos 14,7 Mpc, unos 48 millones de años luz, valor obtenido a partir de estrellas Cefeidas y empleado en numerosos trabajos modernos. A esa distancia, un segundo de arco corresponde aproximadamente a 71 pársecs, y el diámetro óptico de la galaxia ronda los 40 kpc, unos 130.000 años luz. Su gran inclinación —en la literatura aparecen valores aproximadamente entre 70° y 76°, dependiendo del análisis— explica buena parte de su espectacular aspecto visual y permite estudiar algunas de sus estructuras desde una perspectiva especialmente interesante.

Pero detrás de la apariencia relativamente ordenada de esta espiral se esconde una estructura central bastante más complicada. Los estudios espectroscópicos de Sil'chenko mostraron que no podemos considerar el núcleo, bulbo y disco como componentes sencillos y uniformes. En los 200 pc centrales aparece una estructura estelar y gaseosa muy rica en metales y relativamente joven, con una edad estimada en torno a 2.000 millones de años, que puede interpretarse como la parte central del disco o como un disco circunnuclear diferenciado. El propio núcleo presenta una población de unos 5.000 millones de años, mientras que el bulbo circundante es considerablemente más antiguo, del orden de 9.000–14.000 millones de años. Incluso se han encontrado componentes estelares con movimientos cinemáticamente desacoplados. NGC 7331, por tanto, posee en su centro la huella de una historia evolutiva bastante menos tranquila de lo que su aspecto exterior podría sugerir.

Una de sus estructuras más interesantes es el gran anillo de gas molecular, polvo y formación estelar que rodea la región central. Su presencia se hace especialmente evidente cuando NGC 7331 se observa fuera del dominio visible: aparece en CO, infrarrojo, radio y Hα y constituye uno de los principales reservorios de material a partir del cual se están formando nuevas estrellas. Precisamente el polvo hace que la apariencia de la galaxia cambie extraordinariamente con la longitud de onda. El anillo, espectacularmente brillante a 24 μm, resulta mucho menos evidente en el ultravioleta de GALEX debido a la fuerte extinción. Los estudios multi-longitud de onda han estimado una atenuación global en el ultravioleta lejano de aproximadamente 2,5 magnitudes, que aumenta hasta unas 3,3 magnitudes en el anillo.

Y ese anillo no parece constituir simplemente una estructura estática. Los estudios cinemáticos del gas ionizado han encontrado movimientos no circulares en su límite interior compatibles con una componente de movimiento radial hacia el centro. Se han propuesto velocidades del orden de 40–55 km/s y una tasa de flujo de gas de aproximadamente una masa solar por año. Conviene ser prudentes: interpretar esos movimientos como una entrada axisimétrica de material no es la única posibilidad, y otros patrones de movimiento pueden producir efectos semejantes. Pero el resultado abre una posibilidad especialmente interesante: parte del gas almacenado en las regiones interiores podría estar desplazándose hacia el centro y participar en la evolución de la región nuclear.

El núcleo, por su parte, tampoco es completamente inactivo. Su espectro presenta características de tipo LINER, y las observaciones en el infrarrojo medio han detectado una débil emisión de [O IV] que favorece la presencia de un AGN de baja luminosidad, aunque no permite excluir completamente otras fuentes de excitación, como estrellas masivas o choques. Los trabajos históricos llegaron incluso a discutir la posible presencia de un agujero negro supermasivo, pero las estimaciones realizadas entonces dependían fuertemente de cómo se modelaba el bulbo y no constituyen una medida dinámica fiable de su masa. Es preferible, por tanto, describir NGC 7331 como una galaxia con indicios de actividad nuclear débil sin convertir esa cuestión en algo más establecido de lo que realmente está.

Los estudios modernos han ido completando esta imagen en otras longitudes de onda. Las observaciones de SOFIA de la línea [C II] a 158 μm permitieron separar la contribución del gas neutro y del ionizado y mostraron que la fracción de [C II] procedente del medio neutro aumenta hacia el exterior. La elevada inclinación de NGC 7331 permite incluso distinguir los efectos de observar las caras interior y exterior del anillo: una geometría privilegiada para estudiar cómo la radiación ultravioleta de las estrellas jóvenes calienta y transforma el medio interestelar.

Y la historia llega prácticamente hasta nuestros días. Un estudio publicado en 2026, utilizando espectroscopia de campo integral en Hα, identificó y caracterizó 136 regiones H II distribuidas por el disco. Aproximadamente un tercio de la formación estelar actual de NGC 7331 tiene lugar en el anillo central, y las regiones más luminosas de este muestran en general mayores dispersiones de velocidad. La relación encontrada entre formación estelar y turbulencia favorece que la energía aportada por las estrellas jóvenes contribuya de manera importante a agitar el gas, aunque procesos gravitatorios y transporte de material pueden participar también. El mismo trabajo encuentra además una peculiaridad en la distribución Hα–H I hacia el noroeste que podría relacionarse con entrada de gas o con la conocida deformación del disco, sin que los autores puedan todavía decidir entre ambas posibilidades.

NGC 7331 resulta así bastante más compleja de lo que su elegante apariencia podría hacer pensar: un viejo sistema estelar que conserva señales de episodios evolutivos pasados, una región central cinemáticamente peculiar, enormes reservas de gas y polvo frío, un activo anillo de formación estelar y quizá un lento transporte de material hacia un núcleo débilmente activo. Y precisamente en una galaxia donde la formación y muerte de estrellas continúan desempeñando un papel tan visible encontramos otra característica especialmente apropiada para nuestra historia: durante las últimas décadas, cinco supernovas han sido descubiertas en NGC 7331.

SN 1959D: una explosión que todavía dejaba huella cuarenta años después

La primera supernova conocida en NGC 7331 fue SN 1959D, descubierta por el astrónomo estadounidense Milton L. Humason el 28 de junio de 1959. En el momento del descubrimiento presentaba una magnitud fotográfica de aproximadamente 13,4 y se encontraba a unos 32 segundos de arco al oeste y 13 al norte del núcleo de la galaxia, en la posición AR 22h 37m 01,82s, Dec +34° 25′ 08,4″. En nuestra imagen actual de NGC 7331 hemos señalado esa posición con un pequeño círculo.

SN 1959D fue clasificada posteriormente como una supernova de tipo IIL, perteneciente por tanto a la familia de las supernovas de colapso del núcleo de estrellas masivas que conservan hidrógeno en el momento de la explosión. La denominación «L» hacía referencia históricamente a una disminución aproximadamente lineal de su brillo después del máximo, frente a la fase de meseta característica de las tipo IIP. La información conservada de SN 1959D es, sin embargo, muy limitada comparada con la que proporcionan las campañas modernas: su explosión tuvo lugar varias décadas antes de que la astronomía de rayos X y radio permitiera seguir sistemáticamente la evolución tardía de estos objetos.

Precisamente por eso resulta especialmente interesante que SN 1959D volviera a llamar la atención 42 años después de su explosión. Soria y Perna estudiaron una observación de NGC 7331 realizada por el observatorio espacial Chandra el 27 de enero de 2001 y encontraron en la posición de la antigua supernova un pequeño exceso de emisión en rayos X. La señal era extremadamente débil: se registraron solamente siete fotones, frente a aproximadamente 1,9 esperados del fondo. Los propios autores fueron muy prudentes y consideraron la detección únicamente provisional, con una significación cercana al 90 %. Dependiendo del modelo espectral utilizado, la luminosidad X resultante se encontraba aproximadamente en el intervalo de 10³⁷–10³⁸ erg/s, con un valor representativo de unos 3,5 × 10³⁷ erg/s.

De ser realmente emisión asociada a SN 1959D, estaríamos observando la persistencia de la interacción entre los restos de la explosión y el material circundante más de cuatro décadas después. De hecho, Soria y Perna la incluyeron entre las supernovas más antiguas detectadas —o candidatas a ser detectadas— en rayos X, objetos especialmente interesantes porque se encuentran en esa frontera difusa en la que dejamos de hablar de una supernova tardía y comenzamos a hablar de un remanente de supernova. Intentos anteriores de detectar SN 1959D en radio, cuando habían transcurrido unos 26–27 años desde la explosión, no habían tenido éxito.

Así, aunque SN 1959D sea con diferencia la menos documentada de las cinco supernovas conocidas en NGC 7331, su historia no terminó completamente en 1959. Más de cuarenta años después, Chandra todavía encontró una posible huella de aquella explosión, una débil señal procedente del mismo lugar que hemos marcado en nuestra imagen.

SN 2013bu: una supernova II poco luminosa

Hubo que esperar más de medio siglo para que NGC 7331 volviera a ofrecer una supernova conocida. SN 2013bu fue descubierta por el prolífico observador japonés Koichi Itagaki el 21 de abril de 2013, situada en una de las regiones meridionales del disco de la galaxia. En el anuncio inicial tenía una magnitud próxima a 16,6, aunque las observaciones de los días siguientes la situaron alrededor de 15,5–16. El 24 de abril fue clasificada espectroscópicamente como una supernova joven de tipo II, es decir, el resultado del colapso del núcleo de una estrella masiva que todavía conservaba una importante envoltura de hidrógeno. Una imagen de Itagaki obtenida el 12 de abril no mostraba todavía la supernova, lo que permitió acotar bastante bien el momento de la explosión.

A diferencia de SN 1959D, SN 2013bu pudo ser seguida fotométricamente durante meses. Un amplio estudio de supernovas de tipo II realizado por Valenti y colaboradores obtuvo observaciones desde el 23 de abril hasta el 1 de septiembre de 2013, con una cadencia de pocos días y fotometría multibanda. Su comportamiento permitió identificarla como una supernova II con fase de meseta, lo que actualmente solemos denominar una tipo IIP. La transición desde esa meseta hacia la fase dominada por el decaimiento radiactivo se produjo aproximadamente 103 días después de la explosión.

Pero SN 2013bu no fue una IIP especialmente brillante. El estudio la incluye expresamente entre las supernovas II de baja luminosidad y encontró una caída particularmente acusada al finalizar la meseta. De hecho, dentro de una muestra de 45 objetos, SN 2013bu, SN 2005cs y ASASSN-14ha eran los tres casos de baja luminosidad que mostraban una caída excepcionalmente grande hacia la cola radiactiva, de aproximadamente 3–4 magnitudes. Esto resulta físicamente interesante porque la luminosidad de esa fase tardía depende de la cantidad de níquel-56 sintetizado durante la explosión.

Y SN 2013bu parece haber producido muy poco. A partir de su curva pseudobolométrica, Valenti et al. estimaron una masa de ^56Ni de solamente 0,0021 ± 0,0007 masas solares. Es una cantidad extraordinariamente pequeña comparada con muchas supernovas II normales y encaja con su carácter poco luminoso. Yo sí pondría este dato: nos proporciona una característica física propia de SN 2013bu y evita que su apartado sea simplemente una ficha de descubrimiento.

La imagen que mostramos fue obtenida por nuestro amigo Juan-Luis González Carballo desde el Observatorio Cerro del Viento, en Badajoz, el 20 de julio de 2013, casi tres meses después del descubrimiento. Es especialmente bonita para nuestro relato porque estamos viendo realmente la supernova, señalada por la flecha, cuando todavía se encontraba alrededor de magnitud 16,2 CR. Y esto último lo he comprobado directamente en Bishop: su página registra precisamente la observación de Juan-Luis del 20,036 de julio de 2013 con 16,2 CR.

La secuencia de Latest Supernovae, la página mantenida por Bishop, muestra además muy bien el posterior debilitamiento: alrededor de comienzos de agosto ya aparecen medidas de 17,8 CR, 19,0 V el 5 de agosto y posteriormente valores cercanos o inferiores a magnitud 18–19. La imagen de Juan-Luis, por tanto, fue obtenida muy cerca del final de la larga meseta, antes de esa fuerte caída que precisamente convirtió a SN 2013bu en un objeto interesante para los estudios de supernovas II de baja luminosidad.

SN 2014C: la supernova que cambió de identidad

Apenas ocho meses después de la aparición de SN 2013bu, NGC 7331 volvió a ser escenario de una explosión estelar. SN 2014C fue descubierta por el programa Lick Observatory Supernova Search (LOSS) el 5 de enero de 2014, en la posición AR 22h 37m 05,60s, Dec +34° 24′ 31,9″. La imagen que acompaña estas líneas fue obtenida ese mismo día por nuestro amigo Gianpiero Locatelli, desde el Maritime Alps Observatory, en Cuneo (Italia), apenas unas horas después del anuncio. La supernova se encontraba todavía en las primeras etapas de su evolución y continuaría aumentando de brillo durante los días siguientes, hasta alcanzar aproximadamente la magnitud 15. Página de SN 2014C de David Bishop

Nada hacía pensar inicialmente que aquella supernova fuese a convertirse en uno de los objetos más interesantes de su clase. Los primeros espectros correspondían a una supernova de tipo Ib bastante normal. Las estrellas que originan estas explosiones han perdido prácticamente toda su envoltura exterior de hidrógeno antes del colapso de su núcleo, aunque conservan suficiente helio para que este elemento aparezca prominentemente en el espectro. En SN 2014C se midieron velocidades de expansión cercanas a 13.000 km/s, mientras que los modelos posteriores estimaron una energía de explosión de aproximadamente 1,8 × 10⁵¹ erg y una masa eyectada de solo 1,7 masas solares, valores que no parecían especialmente extraordinarios para una supernova Ib.

Sin embargo, durante los meses siguientes comenzó una transformación espectacular. Aproximadamente entre los 100 y 200 días después de la explosión apareció una intensa emisión de hidrógeno que no estaba presente en los primeros espectros. Hα desarrolló un componente de anchura intermedia, de alrededor de 1.000–1.500 km/s, mientras que las observaciones en radio mostraban también el comienzo de una nueva fase de fuerte interacción. Una supernova que había nacido espectroscópicamente como una tipo Ib, prácticamente desprovista de hidrógeno, estaba adquiriendo las características propias de una supernova interactuante rica en hidrógeno, semejante a las de tipo IIn. Precisamente por esta razón uno de los primeros grandes estudios dedicados al objeto utilizó una palabra especialmente apropiada en su título: metamorfosis.

La aparente contradicción encerraba la clave de todo el fenómeno. La estrella que explotó había perdido su envoltura de hidrógeno, pero ese material no había desaparecido: una cantidad considerable había sido expulsada antes de la explosión y permanecía alrededor del sistema. La supernova se expandió inicialmente por una cavidad de densidad relativamente baja y solo después alcanzó una densa envoltura circunestelar rica en hidrógeno. Al producirse la colisión, parte de la enorme energía cinética de los restos en expansión comenzó a transformarse en radiación, provocando el espectacular aumento de la emisión en radio y rayos X y la aparición de las líneas de hidrógeno.

Las distintas observaciones permitieron poco a poco reconstruir la estructura de ese medio circunestelar o CSM. Los primeros estudios situaron la envoltura densa a varias veces 10¹⁶ cm de la estrella. Posteriormente, el seguimiento en rayos X y los modelos hidrodinámicos mostraron que el entorno era mucho más extenso y complejo. Una reconstrucción publicada en 2022 encontró material circunestelar desde aproximadamente 2 × 10¹⁶ hasta casi 2 × 10¹⁷ cm, con fuertes variaciones de densidad y una masa total estimada en torno a 2,6 masas solares. No debe interpretarse esa cifra como una medida directa: procede de modelos unidimensionales de un medio que probablemente era muy irregular y grumoso, pero deja clara la extraordinaria cantidad de materia que rodeaba a la estrella cuando explotó.

Una de las pruebas más impresionantes llegó gracias a la interferometría de muy larga base (VLBI), capaz de resolver espacialmente la fuente de radio. A los 384 días de la explosión se midió un radio de 6,40 × 10¹⁶ cm, correspondiente a una velocidad media desde la explosión de unos 19.300 km/s. Entre los días 384 y 1057 la expansión continuó aproximadamente a 13.600 km/s, hasta alcanzar cerca de 1,5 × 10¹⁷ cm. La diferencia indica que la onda de choque debió experimentar una desaceleración importante antes de comenzar aquellas observaciones, precisamente cuando atravesó las regiones más densas del material circunestelar. Las imágenes de radio revelaron además una fuente aproximadamente circular pero no perfectamente uniforme, con una región especialmente brillante hacia uno de sus lados, otra pista de que el entorno de SN 2014C distaba mucho de ser una envoltura perfectamente homogénea.

Todo ello planteaba una segunda pregunta: ¿qué le había sucedido a la estrella antes de explotar? Una breve fase como estrella Wolf-Rayet podría, en principio, haber vaciado una cavidad alrededor del progenitor, pero resulta difícil explicar simultáneamente la pequeña masa eyectada por SN 2014C, la enorme cantidad de hidrógeno situada a cierta distancia y el corto intervalo de tiempo necesario para crear aquella estructura. Por ello, los trabajos posteriores han favorecido progresivamente un escenario en el que el progenitor formaba parte de un sistema binario. La transferencia de materia hacia una estrella compañera y quizá una fase de envoltura común podrían haber arrancado la envoltura de hidrógeno y expulsado grandes cantidades de gas al espacio poco antes del colapso. Es una explicación especialmente atractiva, aunque conviene subrayar que no se ha detectado directamente una estrella compañera y que la geometría exacta del sistema sigue siendo objeto de estudio.

Y la historia de SN 2014C no terminó cuando comenzó a apagarse en el visible. El seguimiento infrarrojo mostró que la interacción continuaba durante años y permitió estudiar otro producto de aquel violento encuentro: el polvo. Las observaciones reunidas por Tinyanont y colaboradores hasta unos cinco años después de la explosión revelaron una componente de polvo cálido, alrededor de 500 K, con una masa de varios milésimos de masa solar. Una observación a 9,7 μm proporcionó además indicios de emisión producida por silicatos, algo especialmente interesante porque la coexistencia de polvo carbonáceo y silicatos sugería un medio circunestelar químicamente heterogéneo. En aquel momento, sin embargo, la escasa cobertura espectral aconsejaba considerar la identificación de los silicatos como una evidencia prometedora, no como una demostración definitiva.

El infrarrojo permitió también seguir la interacción cuando la supernova llevaba ya años fuera del alcance de muchas observaciones convencionales. La evolución de la luminosidad era compatible con un medio exterior cuya densidad disminuía aproximadamente como r⁻², el comportamiento esperado para material producido por un viento estelar. Bajo las hipótesis adoptadas, la pérdida de masa necesaria era del orden de 10⁻³ masas solares por año para un viento de 100 km/s. La imagen que emergía era así mucho más complicada que la de una única envoltura: una cavidad interior, una región particularmente densa responsable de la metamorfosis y un medio circunestelar más extenso por el que el choque continuó propagándose durante años.

Pero todavía quedaba una sorpresa. Más de diez años después de la explosión, el telescopio espacial James Webb volvió a observar SN 2014C con espectroscopia infrarroja. La supernova seguía mostrando signos inequívocos de interacción. Las nuevas observaciones revelaron una cantidad de polvo frío muy superior a la encontrada durante los primeros años: aproximadamente 0,078 masas solares, repartidas entre unos 0,0355 M☉ de polvo carbonáceo y 0,0425 M☉ de silicatos, además de una pequeña componente de polvo más caliente. La temperatura característica de las componentes frías había descendido hasta unos 200–300 K.

Esta vez, además, la naturaleza del polvo quedó mucho mejor establecida. El espectro obtenido con JWST mostraba amplias estructuras de emisión asociadas a los silicatos alrededor de 11 y 18 μm, confirmando con mucha mayor solidez aquello que las observaciones de 2019 solo habían podido sugerir. La masa de polvo inferida había aumentado más de un orden de magnitud desde las primeras observaciones infrarrojas. Aunque parte del polvo frío pudo pasar inadvertido anteriormente, la interpretación favorecida es que una cantidad importante se haya formado después de la explosión, probablemente en la capa densa y fría creada entre los choques delantero y reverso.

JWST encontró además una luminosidad bolométrica de aproximadamente 6,5 × 10⁴⁰ erg/s casi una década después del estallido. Sorprendentemente, esa luminosidad continuaba siguiendo bastante bien la evolución prevista años antes por el modelo de interacción con un medio cuya densidad disminuye aproximadamente como r⁻². No parecía necesario invocar que la onda de choque hubiese encontrado repentinamente una nueva y enorme envoltura exterior para explicar la persistencia del objeto: la interacción con el extenso material expulsado por el progenitor continuaba proporcionando energía.

Los espectros más recientes han añadido todavía otra pieza al rompecabezas. Las líneas de oxígeno y neón presentan componentes desplazadas hacia el azul y perfiles asimétricos. Resulta especialmente revelador que algunas líneas ópticas de oxígeno y la línea infrarroja de [Ne II] a 12,8 μm muestren formas semejantes a pesar de que el polvo absorbe de manera radicalmente diferente en ambas longitudes de onda. Esto favorece que la asimetría observada sea realmente geométrica, propia de la distribución del gas y de los restos de la explosión, y no simplemente el resultado de que el polvo oculte uno de sus lados. El medio circunestelar podría haber estado desplazado respecto al centro de la explosión o presentar una geometría considerablemente más complicada que una simple envoltura esférica.

SN 2014C se ha convertido así en un laboratorio excepcional de la muerte de las estrellas masivas. Lo que comenzó como una aparentemente corriente supernova Ib terminó revelando una enorme cantidad de hidrógeno expulsado antes de la explosión, una prolongada interacción visible en radio, rayos X e infrarrojo, una onda de choque cuya expansión pudo medirse directamente y una creciente reserva de polvo formada o procesada durante el encuentro. Más de una década después, la explosión continúa literalmente desarrollándose ante nuestros telescopios. Y quizá su lección más importante sea precisamente que la clasificación obtenida durante los primeros días de una supernova no siempre cuenta toda la historia: en ocasiones hay que esperar meses, años e incluso décadas para descubrir realmente cómo murió una estrella.

SN 2025rbs: una supernova Ia, seguida desde Observadores de Supernovas

Tuvieron que pasar más de once años desde SN 2014C para que NGC 7331 volviera a albergar una nueva supernova. SN 2025rbs fue descubierta por GOTO-North el 14 de julio de 2025 a las 03:22:35 UT, cuando presentaba una magnitud de 17,07 en el amplio filtro empleado por GOTO. Su posición, AR 22h 37m 03,64s y Dec +34° 25′ 07,98″, la situaba proyectada muy cerca de la brillante región central de NGC 7331. La última imagen de GOTO sin detección databa del 4 de julio, con un límite de magnitud 20,2, de modo que el descubrimiento se produjo en una fase muy temprana de su evolución. Los primeros espectros confirmaron rápidamente que se trataba de una supernova de tipo Ia.

A diferencia de las tres explosiones anteriores conocidas en esta galaxia —1959D, 2013bu y 2014C—, todas ellas relacionadas con el colapso de estrellas masivas, SN 2025rbs pertenecía a una familia completamente diferente. Las supernovas Ia son explosiones termonucleares de enanas blancas que alcanzan condiciones capaces de desencadenar una combustión explosiva de carbono y oxígeno. El sistema progenitor concreto puede adoptar diferentes configuraciones y no puede deducirse simplemente de la clasificación Ia, pero el mecanismo físico y la población estelar de origen son radicalmente distintos de los de las supernovas de colapso de núcleo que NGC 7331 nos había mostrado anteriormente.

El descubrimiento temprano permitió asistir a un ascenso extraordinariamente rápido. En nuestra imagen, obtenida desde el Observatorio Posadas (MPC J53) la noche del 16 de julio, apenas dos días después del descubrimiento, medimos 15,09 ± 0,01 en Clear referido a V. La recopilación de David Bishop registra esa misma observación como 15,1 CV el 16,057 UT. Solo unas horas después ya aparecen medidas cercanas a magnitud 14, y durante los días siguientes la supernova continuó aumentando rápidamente de brillo: hacia el 22 de julio rondaba V = 12,8 y a finales de mes se encontraba aproximadamente en magnitud 12.

La proximidad aparente de SN 2025rbs al brillante núcleo de NGC 7331 hacía temer inicialmente que su fotometría resultase especialmente complicada. Sin embargo, su rápido aumento de brillo y las técnicas de fotometría diferencial permitieron realizar un seguimiento de gran calidad. Desde el grupo Observadores de Supernovas (ObSN) se organizó una campaña en la que participaron más de treinta observadores, empleando tanto filtros Johnson-Cousins BVRI como Sloan g′r′i′. En pocas semanas se reunieron cerca de un millar de medidas, procesadas con FotoDifSN, que permitieron reconstruir con gran detalle la evolución de la explosión. Los primeros resultados fueron además puestos a disposición de la comunidad a través del AstroNote 2025-262 del Transient Name Server.


La curva de luz obtenida por ObSN muestra casi didácticamente el comportamiento de una supernova Ia. Después del pronunciado ascenso inicial aparecen los máximos en los diferentes filtros, con el máximo en B adelantado respecto a las bandas más rojas. Tras ellos comienza el debilitamiento, mucho más rápido en B que en V. Mientras la emisión azul continúa descendiendo, en R e I aparece una característica muy conocida de las supernovas Ia: un máximo secundario, o rebote, visible también en las bandas Sloan más rojas. La curva obtenida colectivamente permite seguir con extraordinaria claridad tanto el máximo principal como esa posterior redistribución de la emisión hacia longitudes de onda más largas.

Ese máximo secundario no es simplemente una curiosidad de la curva. Durante la expansión y enfriamiento de los restos, la ionización de los elementos del grupo del hierro cambia y, con ella, la forma en que la radiación escapa del material eyectado. El resultado es una redistribución del flujo hacia las bandas rojas e infrarrojas que produce precisamente esa segunda elevación. En nuestra gráfica resulta especialmente evidente en I, mientras B continúa cayendo rápidamente. Es uno de esos casos en los que una campaña amateur bien coordinada permite registrar directamente un fenómeno físico característico de esta clase de explosiones.

SN 2025rbs llegó a convertirse así en una supernova extraordinariamente brillante para los estándares extragalácticos y en un magnífico objeto para observadores de todo el mundo. Desde 17,1 en el descubrimiento, pasando por nuestra medida de 15,1 solo dos días después, hasta valores próximos a magnitud 12 alrededor del máximo. Después comenzó el lento retorno hacia la oscuridad, mientras su proximidad al núcleo hacía progresivamente más difícil separar la luz de la supernova de la propia galaxia.

SN 2026aaiv: NGC 7331 vuelve a estallar

Apenas catorce meses después de SN 2025rbs, NGC 7331 volvió a sorprender a los observadores. El 1 de septiembre de 2026, el programa automatizado ATLAS detectó una nueva fuente transitoria en la galaxia, inicialmente denominada ATLAS26krw y posteriormente registrada oficialmente como SN 2026aaiv. La primera detección se produjo a las 11:23:32 UT, con una magnitud de 17,325 en el filtro naranja de ATLAS, en la posición AR 22h 37m 05,618s, Dec +34° 24′ 35,37″. El objeto se encontraba unos 19,9″ al este y 20,5″ al sur del núcleo de NGC 7331.

El descubrimiento resultaba especialmente interesante porque ATLAS disponía de una no detección apenas un día antes. La fotometría forzada correspondiente al 31 de agosto no mostraba flujo significativo por encima del límite de 5σ, mientras que al día siguiente la nueva fuente ya aparecía con claridad. Por tanto, el comienzo del fenómeno pudo acotarse a un intervalo inferior aproximadamente a 24 horas. Adoptando para NGC 7331 una distancia de unos 14 Mpc, los descubridores estimaron inicialmente una magnitud absoluta de aproximadamente −13,6, indicando que estábamos contemplando una explosión extremadamente joven.

La confirmación llegó rápidamente. Un espectro obtenido la noche del 2 de septiembre por Claudio Balcon en el observatorio de Belluno fue comparado mediante GELATO y SNID-SAGE con espectros de supernovas conocidas y permitió clasificar el objeto como una supernova de tipo Ia, con un desplazamiento al rojo z ≈ 0,003. Otros espectros obtenidos durante los días siguientes confirmaron la clasificación. Uno de ellos mostró además absorción de Na II/Na I D, interpretada por sus autores como indicio de una cantidad apreciable de enrojecimiento a lo largo de la línea de visión. Por ahora resulta prudente no intentar convertir esa indicación en una extinción concreta mientras no dispongamos de un análisis más completo.

La evolución durante los primeros días ha sido espectacular. Desde las 17,3 magnitudes del descubrimiento, SN 2026aaiv aumentó rápidamente de brillo: Pan-STARRS midió g = 14,14 el 5 de septiembre, y GOTO registró 12,94 el día 8. La recopilación de David Bishop la situaba ya alrededor de magnitud 12,5 el 11 de septiembre. En poco más de una semana el objeto había aumentado su brillo aparente en casi cinco magnitudes, es decir, decenas de veces en flujo, aunque las cifras proceden de filtros diferentes y no deben interpretarse como una curva fotométrica homogénea.

Nuestra imagen fue obtenida desde el Observatorio Posadas (MPC J53) durante la noche del 10 al 11 de septiembre con el Celestron 14 y la QHY268MM. La integración de 22 exposiciones de 120 segundos muestra perfectamente SN 2026aaiv proyectada sobre la luminosa región interior de NGC 7331. Obtuvimos V = 12,59.


Dos noches después, el 12,97263 de septiembre, una nueva observación realizada ya expresamente con filtro V proporcionó V = 12,36. La diferencia, aunque pequeña, indica que la supernova continuaba aumentando de brillo cuando realizamos nuestras observaciones.

Y, al igual que ocurrió con SN 2025rbs, desde el grupo Observadores de Supernovas (ObSN) hemos abierto una campaña específica de seguimiento de SN 2026aaiv. Este punto merece destacarse especialmente. La detección tan temprana, la rapidez del ascenso, su elevada luminosidad y la favorable situación de NGC 7331 para los observadores del hemisferio norte hacen de ella un objetivo extraordinario para obtener una curva fotométrica multibanda densamente muestreada. El propósito es seguir su evolución durante el máximo y el posterior descenso y reunir nuevamente las observaciones de numerosos telescopios en una curva colectiva.

Hay además una coincidencia realmente llamativa. SN 2026aaiv es, como SN 2025rbs, una supernova de tipo Ia, y ambas han aparecido en la misma galaxia con apenas catorce meses de diferencia. Eso no significa necesariamente que exista relación física alguna entre los dos acontecimientos: son dos sistemas progenitores independientes que casualmente han alcanzado su fase final con muy poca separación temporal desde nuestra perspectiva. Pero para los observadores resulta excepcional disponer de dos supernovas Ia brillantes en NGC 7331 en dos campañas consecutivas. Incluso la propia página de Bishop destaca la coincidencia entre ambos objetos.

Y aquí, a diferencia de las cuatro supernovas anteriores, no podemos escribir todavía el final. En el momento de preparar estas líneas, a mediados de septiembre de 2026, SN 2026aaiv continúa siendo un objeto en plena evolución. Habrá que comprobar dónde se sitúa finalmente el máximo, cómo evolucionan sus diferentes bandas fotométricas, cuál es su ritmo de descenso y si su comportamiento resulta completamente normal para una Ia o presenta alguna peculiaridad. La campaña de ObSN está precisamente destinada a documentar esa historia mientras sucede.

De alguna manera, SN 2026aaiv cierra provisionalmente el círculo de este artículo. Comenzamos en 1959, con una supernova de la que apenas conservamos información y cuyo lugar de explosión solo podemos señalar hoy sobre una imagen de NGC 7331. Sesenta y siete años después estamos siguiendo otra explosión de la misma galaxia noche a noche, con fotometría multibanda CCD/CMOS,  espectros disponibles prácticamente desde su descubrimiento y observadores repartidos por numerosos lugares contribuyendo a registrar su evolución. Entre ambas quedan SN 2013bu, la extraordinaria SN 2014C y nuestra campaña de SN 2025rbs. Cinco explosiones que convierten a NGC 7331 no solo en una de las galaxias espirales más hermosas del cielo, sino también en un magnífico escenario para contemplar algunas de las formas en que terminan su vida las estrellas.