Dentro del grupo Observadores de Supernovas (ObSN) hemos iniciado una campaña dedicada a un reducido grupo de estrellas pulsantes de corto período. El objetivo no es medir únicamente su brillo, sino determinar con la mayor precisión posible el instante en que alcanzan cada máximo de luz. Comparando esos tiempos con los previstos a partir de su período de pulsación es posible construir los llamados diagramas O−C (Observed − Calculated), una herramienta que permite detectar pequeñas variaciones en el período de la estrella. Aunque estos cambios suelen ser extremadamente sutiles, pueden revelar procesos relacionados con su evolución interna o incluso la presencia de compañeros estelares que alteren los tiempos observados mediante el efecto del tiempo-luz.
Uno de los objetivos seleccionados para esta campaña es AU Coronae Borealis (AU CrB), una discreta estrella de magnitud 12 situada en la constelación de la Corona Boreal. A simple vista no tiene nada de espectacular: su brillo apenas cambia unas dos décimas de magnitud. Sin embargo, detrás de esa modesta variación se esconde una estrella que late de forma extraordinariamente rápida, completando un ciclo de pulsación en apenas 74 minutos. Esa rapidez permite registrar un máximo completo en una única sesión de observación, convirtiéndola en un objetivo ideal para este tipo de estudios.
A primera vista, AU CrB parece una estrella variable más. Sin embargo, pertenece a un grupo bastante especial: las SX Phoenicis, un reducido conjunto de estrellas pulsantes que representan la versión de Población II de las conocidas variables δ Scuti. Ambas familias comparten prácticamente el mismo mecanismo de pulsación, impulsado por el mecanismo κ asociado a la segunda ionización del helio, pero difieren en su origen y composición química. Mientras que las δ Scuti suelen ser estrellas relativamente jóvenes y ricas en metales, las SX Phoenicis son estrellas antiguas y con una metalicidad claramente inferior a la solar. Suelen asociarse a poblaciones estelares antiguas y, en muchos casos, a estrellas de tipo blue straggler, cuyo origen podría estar relacionado con procesos de transferencia de masa o de fusión estelar. Independientemente de cómo se hayan formado, su variabilidad se debe a que ocupan la banda de inestabilidad del diagrama de Hertzsprung-Russell, donde el mecanismo κ del helio provoca pulsaciones periódicas de sus capas externas
Los datos de Gaia DR3 encajan perfectamente con esta clasificación. AU CrB se encuentra a unos 740 parsecs (≈2410 años-luz), posee una temperatura efectiva cercana a 7500 K, una luminosidad de unas 7 veces la del Sol y una metalicidad de [Fe/H] ≈ –0,6, claramente inferior a la solar. Su masa ronda 1,6 masas solares, aunque este valor no debe interpretarse como el de una estrella joven, ya que muchas SX Phoenicis han seguido una evolución muy diferente a la de una estrella aislada, probablemente como consecuencia de procesos de transferencia de masa o de la fusión de dos estrellas.
Es precisamente esa combinación de temperatura y luminosidad la que sitúa a AU CrB en la parte inferior de la banda clásica de inestabilidad del diagrama de Hertzsprung-Russell. Esta estrecha región del diagrama reúne a varias familias de estrellas pulsantes, desde las cefeidas clásicas hasta las RR Lyrae. Las SX Phoenicis ocupan el extremo de menor luminosidad de esa banda, compartiendo región con las δ Scuti, aunque perteneciendo a una población estelar mucho más antigua. El diagrama permite comprender de un vistazo que AU CrB no constituye un caso aislado, sino que forma parte de una familia bien definida de estrellas cuyo brillo varía porque sus capas externas se expanden y se contraen de forma periódica.
Lo primero que llama la atención es que la variación no tiene una forma perfectamente sinusoidal. El brillo aumenta con rapidez hasta alcanzar un máximo relativamente agudo, mientras que el descenso resulta más pausado. Esta ligera asimetría es característica de muchas estrellas pulsantes de este tipo y refleja que los procesos de expansión y contracción de las capas externas no transcurren exactamente del mismo modo. En AU CrB, además, la presencia de dos modos de pulsación contribuye a modificar sutilmente la forma de la curva.
Pero más allá de los datos, hay un aspecto difícil de transmitir con números. Resulta fascinante pensar que esos pequeños cambios de apenas dos décimas de magnitud corresponden al latido de una estrella situada a unos 2400 años-luz de nosotros. Mientras realizamos una sencilla serie fotométrica desde un observatorio de aficionado, estamos viendo cómo una esfera de plasma de aproximadamente 1,6 veces la masa del Sol se expande y se contrae una y otra vez, completando cada ciclo en apenas 74 minutos. Es una de esas ocasiones en las que la fotometría deja de ser una sucesión de cifras para convertirse en una forma de contemplar, casi en tiempo real, el latido de una estrella.













