viernes, 1 de mayo de 2026

AT2026jla en NGC 5568: una supernova en un campo de galaxias a 400 millones de años luz


En la constelación de Boötes (el Boyero), lejos de los grandes cúmulos más conocidos, existe un campo discreto pero sorprendentemente rico en galaxias. En él se encuentra NGC 5568, una espiral tenue de magnitud ~14,7, descubierta por Guillaume Bigourdan en 1866 .

Es en esta galaxia donde, en abril de 2026, se detectó la supernova AT2026jla, un evento aún con escasa información publicada pero que añade interés a una región del cielo ya de por sí muy sugerente.

NGC 5568 es una galaxia espiral relativamente lejana, con un corrimiento al rojo de z ≈ 0,028, lo que la sitúa en el orden de ~120–130 Mpc (≈ 400 millones de años luz, por distancia de Hubble).

Se trata de un objeto modesto en tamaño aparente (menos de 1′), pero claramente resoluble en capturas profundas. Su morfología sugiere una espiral algo difusa, posiblemente con brazos poco definidos, típica de galaxias de este rango de masa y distancia.

La supernova/transitorio AT2026jla fue reportada el 13 abril de 2026 (según TNS), con una magnitud alrededor de ~18 en banda GA día de hoy: no hay clasificación espectroscópica clara publicada, ni se ha definido aún su tipo (Ia, II, etc).  Esto la sitúa dentro del amplio grupo de transitorios en seguimiento, donde muchas veces el interés reside tanto en su evolución como en el entorno donde aparece.

Adoptando para NGC 5568 una distancia de unos 127,7 Mpc, la magnitud medida en banda G = 18,21, situaría a AT2026jla en una magnitud absoluta aproximada de –17,3. Es una estimación sencilla, sin corrección por extinción ni por efectos de banda, pero suficiente para entender la escala del fenómeno: un punto de luz aparentemente débil en la imagen corresponde en realidad a una explosión estelar extraordinariamente luminosa, visible desde más de cuatrocientos millones de años luz.

El interés de la imagen no está solo en la supernova. Muy cerca de NGC 5568 aparece NGC 5567, una galaxia lenticular situada prácticamente a la misma distancia cosmológica. La separación proyectada entre ambas ronda los 100 kpc, y en el entorno aparecen además varias galaxias PGC mucho más débiles. Todo ello sugiere que la supernova se produjo en un pequeño campo de galaxias físicamente relacionado, no en una galaxia aislada. Esa profundidad convierte la imagen en algo más que un registro de AT2026jla: es también una ventana a una estructura galáctica lejana en Boötes.

GalaxiaTipo morfológicoRedshift (z)Velocidad radial (km/s)Distancia (Mpc)Distancia (mill. a.l.)Tamaño aparenteTamaño físico aprox.
NGC 5568Espiral (Sbc–Sc)0,02827~8475127,7~4170,8′ × 0,6′~30 kpc
NGC 5567Lenticular (S0-a)0,02845~8529128,5~4191,1′ × 0,9′~42 kpc
NGC 5571Espiral débil~0,028 (aprox.)~8400–8500~128~418~0,6′~20–25 kpc
PGC 2059846Galaxia enana/irregular~0,028~128~418muy débil
PGC 3560099Galaxia débil~0,028~128~418muy débil
PGC 2059566Galaxia débil~0,028~128~418muy débil
PGC 6006898Galaxia débil~0,028~128~418muy débil
PGC 6006897Galaxia débil~0,028~128~418muy débil

miércoles, 29 de abril de 2026

SN 2026fin en Mrk 1196: una explosión en los confines de su galaxia anfitriona


Mrk 1196 —también catalogada como Z 205-12— es una galaxia relativamente distante con un redshift de z ≈ 0,022, lo que sitúa su distancia en torno a 90–100 Mpc (unos 300 millones de años-luz, dependiendo del modelo cosmológico). En SIMBAD aparece clasificada como galaxia activa o candidata a núcleo activo, dentro del catálogo de galaxias Markarian, conocidas precisamente por mostrar emisión ultravioleta intensa asociada a actividad nuclear o formación estelar elevada.

En este contexto, la aparición de una supernova en su seno adquiere un interés especial: no solo estamos observando la muerte de una estrella, sino un fenómeno integrado en una galaxia con actividad energética significativa.

La supernova SN 2026fin fue reportada en marzo de 2026 y clasificada como tipo Ia peculiar (Ia-pec), con un redshift consistente con el de la galaxia anfitriona (z ≈ 0,022). Este tipo de supernovas, aunque termonucleares como las Ia estándar, presentan desviaciones en su espectro o evolución luminosa, lo que las convierte en objetos de especial interés astrofísico.

La SN aparece claramente desplazada del núcleo galáctico, con una separación angular del orden de varias decenas de segundos de arco. Traducido a escala física, esto implica una distancia proyectada de aproximadamente 15–20 kpc respecto al centro de Mrk 1196. Es decir, la explosión tiene lugar en las regiones externas de la galaxia, probablemente en su disco o incluso en su halo.

Este tipo de ubicación no es inusual en supernovas tipo Ia, ya que sus progenitores —sistemas binarios con enanas blancas— pueden encontrarse en poblaciones estelares más antiguas y distribuidas ampliamente por la galaxia. Aun así, visualmente aporta un gran atractivo: la supernova aparece casi como un objeto independiente, destacando sobre el fondo del campo.

La imagen gana aún más interés al fijarse en el entorno. En la parte superior del campo se distingue claramente una galaxia vista de canto: LEDA 2147739.

Esta galaxia, recogida en SIMBAD, aparece como una estructura alargada y tenue, probablemente una galaxia espiral altamente inclinada. Su morfología en canto permite apreciar la distribución del disco estelar y, en algunos casos, posibles bandas de polvo, aunque en esta imagen su débil señal apenas deja entrever detalles internos.

Su presencia no es casual: estamos observando un campo profundo en el que múltiples galaxias de fondo comparten la misma línea de visión. La coexistencia de Mrk 1196, la supernova SN 2026fin y LEDA 2147739 en una misma imagen subraya la naturaleza tridimensional del universo: objetos sin relación física directa aparecen alineados por pura perspectiva.

lunes, 27 de abril de 2026

SN 2026fuz en IC 4556: una supernova tipo Ia en la periferia galáctica

 

La imagen de la supernova SN 2026fuz, localizada en la galaxia IC 4556, presenta un rasgo que, a primera vista, resulta desconcertante: la explosión no parece asociarse claramente con su galaxia anfitriona. Lejos del núcleo y sin una estructura visible que la conecte con ella, la supernova aparece prácticamente aislada en el campo estelar.

Sin embargo, esta aparente anomalía encierra un notable interés astrofísico.

SN 2026fuz fue descubierta en marzo de 2026 y clasificada como supernova de tipo Ia, un tipo de explosión bien conocido por su importancia cosmológica. Estas supernovas se producen cuando una enana blanca en un sistema binario alcanza una masa crítica —cercana al límite de Chandrasekhar— y desencadena una explosión termonuclear.

Los datos disponibles sitúan el evento en un redshift z ≈ 0.0346, lo que corresponde a una distancia aproximada del orden de 150 Mpc, es decir, unos 490 millones de años luz. Llegó a alcanzar una magnitud en torno a 17, plenamente accesible a instrumentación amateur avanzada.

La galaxia anfitriona, IC 4556, es un objeto relativamente tenue. Su morfología apunta probablemente a una galaxia de tipo temprano (elíptica o lenticular), caracterizada por:

  • Baja tasa de formación estelar
  • Dominio de poblaciones estelares viejas
  • Escasa presencia de gas y polvo

Este entorno encaja perfectamente con la naturaleza de las supernovas tipo Ia, que no dependen de estrellas masivas jóvenes, sino de sistemas binarios evolucionados.

El aspecto más llamativo de la imagen es la gran separación aparente entre la supernova y el centro de IC 4556. A diferencia de muchas explosiones que se producen en regiones densas o visibles de la galaxia, SN 2026fuz aparece desplazada hacia una zona donde la galaxia prácticamente desaparece del registro visual.

Este fenómeno, aunque sorprendente, tiene varias explicaciones físicas bien establecidas:

Las galaxias no terminan donde deja de verse su luz. Más allá del núcleo y de las regiones visibles, existe un halo estelar difuso, compuesto por estrellas antiguas con muy bajo brillo superficial. Es muy probable que el sistema progenitor de la supernova pertenezca a este halo. En ese caso su brillo es demasiado débil para detectarse en la imagen y esto genera la ilusión de una supernova “aislada”.

Otra posibilidad menos probable es que el sistema progenitor haya sido dinámicamente desplazado:

  • Interacciones gravitatorias en el pasado
  • Efectos de “kick” tras eventos evolutivos previos
  • Migración a grandes distancias dentro del potencial galáctico

Estos mecanismos pueden llevar a una enana blanca binaria a posiciones muy alejadas del centro antes de explotar.

Eventos como SN 2026fuz son especialmente interesantes porque demuestran que las SN Ia pueden originarse en todo el volumen galáctico, no solo en regiones brillantes, además permiten estudiar la distribución de estrellas viejas en halos galácticos y reducen efectos de absorción por polvo, facilitando medidas más limpias de luminosidad

En cierto modo, estas explosiones en la periferia ayudan a “dibujar” partes de las galaxias que normalmente permanecen invisibles.

SN 2026fuz no es solo una supernova más. Su posición, alejada del centro visible de IC 4556, la convierte en un ejemplo claro de cómo estos eventos pueden revelar la estructura extendida y silenciosa de las galaxias.

Porque a veces, donde parece no haber nada… es precisamente donde ocurren algunas de las explosiones más reveladoras del universo.

domingo, 26 de abril de 2026

SN 2026icv en la galaxia UGC 7180

Hay ocasiones en las que las supernovas no estallan en grandes galaxias espirales bien conocidas, sino en sistemas discretos, apenas perceptibles entre el fondo estelar. Es el caso de UGC 7180, una galaxia tenue y poco estudiada que ha sido escenario del evento SN 2026icv.

En el centro de la imagen destaca una débil estructura alargada: la galaxia anfitriona. En su interior, señalada con una flecha, se identifica la supernova, con un brillo cercano a magnitud 15.9 en banda G, suficiente para destacar con claridad pese a la baja luminosidad del sistema.

 Aunque escasamente estudiada, los datos disponibles en NASA/IPAC Extragalactic Database (NED) permiten situar a UGC 7180 con bastante precisión en el contexto extragaláctico. Su velocidad radial, en torno a 5000–5500 km/s, la sitúa a una distancia aproximada de ~70–80 Mpc (230–260 millones de años luz). Esto la coloca claramente más allá del entorno de galaxias cercanas y la sitúa en una región donde predominan sistemas más débiles y menos caracterizados.

Su tamaño angular, inferior al minuto de arco, permite estimar un diámetro físico del orden de ~10–20 kpc. Se trata, por tanto, de una galaxia más pequeña que la Vía Láctea, probablemente dentro del rango de espirales modestas.

Desde el punto de vista morfológico, su aspecto en la imagen —marcadamente alargado— sugiere una galaxia espiral vista con alta inclinación, posiblemente cercana al plano de canto. La ausencia de una clasificación firme en la literatura refuerza la idea de que estamos ante un sistema poco estudiado, de bajo brillo superficial.

La supernova SN 2026icv fue reportada en abril de 2026 y registrada en el Transient Name Server (TNS). Su descubrimiento se produjo en el contexto de los programas actuales de búsqueda sistemática de transitorios, que monitorizan de forma continua grandes áreas del cielo.

Este tipo de detecciones en galaxias débiles resulta especialmente valioso: en ausencia de estudios detallados del sistema anfitrión, la supernova se convierte en una fuente indirecta de información sobre su entorno estelar y su población.

La galaxia NGC 4914 y la supernova SN 2026fjc

En la discreta constelación de Canes Venatici, lejos de los grandes objetos mediáticos del cielo profundo, se encuentra la galaxia elíptica NGC 4914, un sistema relativamente poco conocido pero con un interés creciente tras la aparición reciente de una supernova en su interior. Fue descubierta por William Herschel el 17 de marzo de 1787, siendo una galaxia de tipo elíptico (clasificada como E+), con una magnitud aparente en torno a 12,5. 

La distancia de NGC 4914 presenta cierta discrepancia según el método empleado. A partir de su corrimiento al rojo (z ≈ 0.0153), se obtiene una distancia de unos 230 millones de años luz. Sin embargo, estimaciones independientes basadas en métodos no ligados a la expansión cósmica sitúan la galaxia considerablemente más cerca, en torno a 110 millones de años luz. Esta diferencia no es inusual en galaxias relativamente próximas, donde las velocidades propias dentro de su grupo pueden distorsionar la estimación basada en la ley de Hubble.

Se trata de un sistema relativamente compacto, con un tamaño del orden de 35 kpc, y pertenece a un pequeño grupo galáctico (LGG 319), junto a NGC 4846 y NGC 4868 . Como ocurre en muchas galaxias elípticas, su apariencia es suave, sin estructura evidente, dominada por una población estelar envejecida. Sin embargo, presenta indicios de albergar un núcleo activo, lo que sugiere actividad energética en su región central más allá de la simple emisión estelar .

El 12 de marzo de 2026, el sistema ATLAS detectó una nueva supernova en esta galaxia: SN 2026fjc, posteriormente clasificada como una supernova de tipo Ia .

Las supernovas de tipo Ia tienen un enorme interés astrofísico: se producen cuando una enana blanca en un sistema binario alcanza una masa crítica y sufre una explosión termonuclear completa. Este tipo de eventos presenta una luminosidad bastante uniforme, lo que las convierte en herramientas fundamentales para medir distancias cosmológicas.

En el caso de SN 2026fjc: Redshift del sistema: z ≈ 0.0153, magnitud en el descubrimiento: ~18.4, evolución rápida hacia el máximo: en torno a mag 14.5–15 a finales de marzo.

Su comportamiento fotométrico encaja con el patrón típico de las Ia: un ascenso relativamente rápido hasta el máximo seguido de un descenso progresivo.

Como ocurre con muchas supernovas situadas en galaxias elípticas, uno de los principales retos observacionales es el contraste con el núcleo galáctico. En este caso, la SN se encuentra relativamente próxima al centro, lo que dificulta su detección visual y fotométrica en fases avanzadas. Procesados más agresivos en la imagen nos pueden ayudar a visualizarla mejor.

Diferentes observadores reportan magnitudes en torno a 15–16 durante abril, ya en fase de declive, donde la supernova aparece casi “incrustada” en el brillo del bulbo, aunque todavía fácilmente detectable.

Pensemos que estamos observando un evento de enorme magnitud: la destrucción completa de una estrella compacta en otra galaxia.

Eventos como este siguen siendo fundamentales no solo para el estudio de la evolución estelar, sino también para la cosmología moderna, donde las supernovas tipo Ia han permitido descubrir la expansión acelerada del universo.

jueves, 23 de abril de 2026

SN 2026fsf: un destello en NGC 3961

 

NGC 3961 es una galaxia espiral barrada situada a unos ~100 Mpc (≈327 millones de años luz) de distancia, lo que la coloca en el dominio del universo relativamente lejano accesible a telescopios amateur avanzados. Fue descubierta por William Herschel en 1793, en una época en la que estos objetos aún se catalogaban como “nebulosas”, mucho antes de comprender su naturaleza extragaláctica.

Desde el punto de vista estructural, forma un par galáctico con UGC 6844, lo que sugiere posibles interacciones gravitatorias a gran escala, aunque no necesariamente violentas.

Este tipo de galaxias, con brazos bien definidos y regiones activas de formación estelar, son entornos típicos para supernovas de colapso del núcleo, como veremos en este caso.

La supernova SN 2026fsf fue descubierta el 15 de marzo de 2026 por el programa Xingming Observatory Sky Survey (XOSS), uno de los proyectos que están revolucionando la detección sistemática de este tipo de objetos.

Se ha clasificado como una supernova de tipo II, es decir, el resultado del colapso gravitatorio del núcleo de una estrella masiva que aún conservaba su envoltura de hidrógeno en el momento de la explosión.

Las supernovas tipo II son el desenlace de estrellas con masas superiores a unas 8 masas solares. Cuando su núcleo de hierro colapsa, se produce una onda de choque que expulsa las capas externas al espacio.

En este tipo de eventos:

  • Se detecta hidrógeno en el espectro, señal de que la estrella no había perdido su envoltura
  • Suelen mostrar una evolución de brillo relativamente más lenta que las tipo Ia
  • Están asociadas a regiones de formación estelar, típicas de galaxias espirales

En el caso de SN 2026fsf, su localización en la periferia de la galaxia sugiere que probablemente se originó en una región activa, aunque no necesariamente en un brazo muy brillante.

A más de trescientos millones de años luz, la luz de esta explosión comenzó su viaje cuando en la Tierra aún no existían muchas de las estructuras que hoy consideramos antiguas. Y sin embargo, ahí está, registrada en tu imagen: un punto fugaz, casi imperceptible, que marca el final de una estrella y el inicio de nuevos ciclos cósmicos.

Porque incluso en las galaxias más lejanas y silenciosas, el universo sigue escribiendo su historia…

martes, 21 de abril de 2026

SN 2026gud en NGC 2877


No todas las supernovas aparecen en grandes galaxias bien conocidas ni protagonizan titulares. Algunas, como SN 2026gud, emergen en sistemas apenas estudiados, obligándonos a reconstruir su contexto casi desde cero. Este es el caso de NGC 2877, una galaxia tenue situada en la extensa constelación de Hydra, a unos 300 millones de años luz de distancia.

NGC 2877 fue descubierta en 1864 por Albert Marth en el contexto de los grandes barridos sistemáticos del cielo profundo. Sin embargo, a diferencia de objetos más brillantes, apenas ha sido objeto de estudios detallados posteriores. Su morfología se describe como peculiar, y en algunas bases de datos aparece incluso asociada a emisión en radio, lo que sugiere actividad interna, aunque pobremente caracterizada. En el visible, su débil brillo (en torno a magnitud 14–15) y su reducido tamaño angular la convierten en un objetivo exigente incluso para telescopios de cierto diámetro.

Muy próxima aparece otra galaxia aún más discreta, LEDA 1220557 (PGC 1220557), catalogada como una espiral de tipo Sab y con una magnitud aproximada de 16. Su presencia añade profundidad al conjunto, formando una pareja visual sin que exista constancia clara de interacción física entre ambas.

La supernova SN 2026gud fue reportada en abril de 2026 en esta galaxia, alcanzando una magnitud cercana a 16 en banda G, lo que la sitúa en el límite accesible para muchos equipos amateur. Aunque la información disponible es escasa, todo apunta a que se trata de una supernova de tipo Ia, es decir, la explosión termonuclear de una enana blanca en un sistema binario. Este tipo de eventos, pese a su apariencia modesta en nuestras imágenes, liberan una energía enorme y desempeñan un papel fundamental como indicadores de distancia en el universo.

Más allá del propio evento, la escena revela un campo rico en galaxias de fondo, muchas de ellas apenas perceptibles. Cada una representa otro sistema estelar a distancias comparables o incluso mayores, reforzando esa sensación tan característica del cielo profundo: la de estar observando no solo objetos aislados, sino capas sucesivas del universo.

lunes, 20 de abril de 2026

El Twin Quasar: un mismo cuásar visto dos veces

Hay objetos astronómicos que no solo destacan por su belleza o por su rareza, sino porque parecen condensar en una sola imagen algunas de las ideas más profundas de la física moderna. El Twin Quasar, también conocido como Q0957+561 A/B, pertenece a esa categoría. A primera vista se presenta como un par de puntos muy próximos, casi como si se tratara de una estrella doble. Sin embargo, lo que vemos no son dos objetos distintos, sino dos imágenes del mismo cuásar, duplicadas por el efecto de una lente gravitacional. Fue además el primer sistema de cuásar doble interpretado con éxito como una lente gravitacional, un hallazgo que convirtió a este objeto en uno de los grandes hitos observacionales de la astrofísica del siglo XX.

El descubrimiento se produjo en 1979, cuando Dennis Walsh, Robert Carswell y Ray Weymann detectaron dos fuentes casi idénticas, muy cercanas entre sí, con espectros y corrimientos al rojo extraordinariamente parecidos. Aquella coincidencia era demasiado llamativa para ser casual. La interpretación más audaz, y finalmente la correcta, fue que ambas imágenes correspondían al mismo objeto lejano, cuya luz estaba siendo desviada por la gravedad de una galaxia interpuesta. La confirmación de esa idea abrió una puerta nueva: ya no se trataba solo de observar galaxias, estrellas o cuásares, sino de usar la propia curvatura del espacio-tiempo como herramienta astronómica. 

El objeto de fondo es un cuásar situado a un corrimiento al rojo z = 1.41, mientras que la galaxia que actúa como lente se encuentra a z = 0.36 y pertenece además a un cúmulo galáctico que también contribuye al efecto total de lente. En el cielo, las dos imágenes principales del cuásar aparecen separadas por unas 6 segundos de arco, una distancia lo bastante pequeña como para que visualmente recuerde a un par estelar apretado, pero lo bastante grande como para poder resolverse en buenas imágenes CCD.

Aquí entra en juego la relatividad general. La explicación es conceptualmente sencilla, aunque sus implicaciones sean asombrosas. La masa de la galaxia interpuesta deforma el espacio-tiempo y obliga a la luz del cuásar lejano a seguir trayectorias curvas. Eso hace que parte de su luz llegue hasta nosotros por un camino, y otra parte por otro diferente. El resultado es que desde la Tierra no vemos una única imagen puntual, sino dos. No es un “desdoblamiento” físico del cuásar, ni un sistema binario real, ni tampoco un efecto óptico instrumental: es una consecuencia directa de cómo la gravedad modifica la geometría del universo. Esta es justamente la idea que puedes mostrar con el gráfico explicativo de la lente gravitacional

Pero hay algo todavía más fascinante. Como esos dos caminos de luz no tienen exactamente la misma longitud ni atraviesan exactamente el mismo potencial gravitatorio, la luz de una imagen llega antes que la de la otra. En el caso de Q0957+561, la imagen A precede a la B en unos 417 días. Dicho de otro modo: cuando observamos ambas imágenes a la vez, estamos viendo el mismo cuásar en dos momentos distintos de su historia, separados por más de un año. Pocos objetos astronómicos permiten una intuición tan directa de que en astronomía ver es también mirar hacia atrás en el tiempo.

La importancia del Twin Quasar no se limita a haber sido el primero de su clase. Desde su descubrimiento se convirtió en un laboratorio excepcional para estudiar varios problemas de primera línea. Por una parte, permitió poner a prueba modelos detallados de lente gravitacional y medir retardos temporales entre imágenes. Por otra, abrió la posibilidad de usar esos retardos como una vía independiente para estimar la constante de Hubble, ya que el desfase temporal depende tanto de la distribución de masa de la lente como de la escala cosmológica del universo.

Además, el sistema es particularmente valioso porque la galaxia lente no actúa sola. Al estar inmersa en un cúmulo, el campo gravitatorio total es más complejo, y eso convierte a Q0957+561 en un caso de estudio rico pero exigente. Durante décadas se ha utilizado para refinar modelos de distribución de masa, analizar el papel de la materia oscura y explorar cómo influye el entorno del cúmulo en la formación de las imágenes.

Aunque lo solemos contemplar como un “doble”, en el fondo estamos hablando de un cuásar muy energético. Q0957+561 es un núcleo activo extremadamente luminoso, con una emisión tan intensa que una parte importante de su radiación ultravioleta, desplazada al rojo por la expansión del universo, acaba siendo observable en bandas ópticas desde la Tierra. Por eso este sistema ha sido seguido con tanta atención en filtros ópticos: las observaciones en visible permiten rastrear procesos físicos originados en regiones que, en el sistema de referencia del cuásar, emiten en el ultravioleta.

Los estudios de variabilidad y estructura citan para este objeto una masa del agujero negro central del orden de 2–3 × 10⁹ masas solares, junto con luminosidades muy elevadas en el ultravioleta. También se trata de una fuente brillante en rayos X, y su emisión ha sido estudiada en múltiples longitudes de onda a lo largo de décadas. Todo ello encaja con la imagen de un cuásar poderoso, alimentado por acreción de materia sobre un agujero negro supermasivo.

En años recientes, el interés se ha desplazado también hacia la estructura interna del sistema emisor. Un trabajo de Astronomy & Astrophysics de 2023 analizó el efecto del microlente gravitacional sobre distintas líneas anchas de emisión del ultravioleta en Q0957+561 y concluyó que las regiones emisoras no tienen todas el mismo tamaño. En particular, la línea C IV parece originarse en una región compacta con un radio de semiluz de al menos 16 días-luz, mientras que para C III] se obtiene un tamaño mayor, de al menos 44 días-luz, y para Mg II de al menos 50 días-luz. En otras palabras, este sistema no solo sirve para estudiar la lente, sino también para sondear la estructura de la región de líneas anchas del propio cuásar.

Ese mismo trabajo resume muy bien por qué Q0957+561 sigue siendo tan importante hoy. Las observaciones acumuladas a lo largo de casi dos décadas permiten combinar variabilidad intrínseca del cuásar y microlente gravitacional producido por estrellas de la galaxia lente. Esa combinación hace posible extraer información sobre tamaño, geometría y cinemática de regiones que jamás podríamos resolver directamente con un telescopio. 

La variabilidad es la clave de casi todo lo interesante que ocurre aquí. Cuando el cuásar cambia de brillo por procesos internos, ese cambio aparece primero en una imagen y más tarde en la otra. Si se sigue el objeto con paciencia y fotometría precisa, las curvas de luz de ambas componentes pueden alinearse desplazando una de ellas en el tiempo. De ese modo se obtiene el famoso retardo de unos 417 días.

Ese seguimiento temporal ha sido intenso durante décadas. El sistema fue monitorizado desde Apache Point Observatory y más tarde desde el Liverpool Telescope dentro del proyecto LQLM (Liverpool Quasar Lens Monitoring). Los estudios derivados de esas campañas muestran que la variabilidad observada en bandas ópticas traza en realidad fluctuaciones del ultravioleta del cuásar, y que en ciertos intervalos no se aprecia una variabilidad extrínseca dominante, lo que facilita el análisis de la señal intrínseca.

Un estudio clásico sobre la función de estructura de la variabilidad en Q0957+561, basado en datos de 1995–1996 y 2005–2007, señala que las curvas combinadas de las componentes A y B se solapan bien una vez desplazadas en 417 días, y analiza la variabilidad del sistema a longitudes de onda en reposo de alrededor de 2100 Å y 2600 Å. Los autores interpretan buena parte de esa variabilidad en el contexto de procesos de reverberación en el disco de acreción y de episodios de actividad en distintas regiones del entorno central.

No toda variación, sin embargo, tiene que ser intrínseca al cuásar. Existe también la posibilidad de microlente, es decir, fluctuaciones adicionales causadas por estrellas u otros objetos compactos de la galaxia lente. Ese fenómeno puede modificar de forma distinta el brillo de las dos imágenes y complicar la interpretación. De hecho, trabajos posteriores han mostrado que Q0957+561 es un caso híbrido especialmente interesante, donde coexisten variabilidad intrínseca fuerte y microlente moderado.

Sobre el papel, el Twin Quasar no parece inalcanzable: sus componentes tienen magnitudes alrededor de la 17, y la separación entre ambas imágenes es de aproximadamente 6″. Eso permite registrarlo con instrumentación de aficionado avanzada, buenos cielos, suficiente tiempo de integración y un tratamiento cuidadoso. Esta imagen la capté el 15 de abril de 2026 y el cuásar tiene aspecto de una pequeña “doble” muy cerrada, y ese es precisamente uno de los aspectos más evocadores del objeto: detrás de una apariencia casi modesta se esconde uno de los sistemas más importantes de la astrofísica extragaláctica.

Ahora bien, una cosa es resolverlo y otra muy distinta hacer fotometría útil para una campaña de variabilidad. Ahí la dificultad crece mucho. No solo hablamos de dos componentes débiles y próximas entre sí, sino de detectar cambios de brillo pequeños y hacerlo con regularidad, consistencia instrumental y una reducción suficientemente estable como para que la señal no quede enterrada en el ruido. Esa dificultad explica que el seguimiento de la variabilidad del Twin Quasar sea tan atractivo como exigente. Los artículos profesionales se basan en series largas, cuidadosamente calibradas, y aun así la interpretación no siempre es trivial.

En ese contexto cobra especial sentido la campaña impulsada por Observadores de Supernovas (ObSN).  Ese marco encaja muy bien con un objetivo como Q0957+561, donde lo esencial no es tanto la espectacularidad inmediata como el valor de la constancia observacional. 

domingo, 19 de abril de 2026

SN 2026dix: evolución de una supernova IIb en los brazos de NGC 3913


La galaxia NGC 3913, situada en la constelación de la Osa Mayor, es una espiral barrada de aspecto relativamente discreto pero con una estructura bien definida. Fue descubierta por William Herschel en 1788, en plena era de las grandes “nebulosas” catalogadas sin conocer aún su verdadera naturaleza extragaláctica. Hoy sabemos que se encuentra a una distancia del orden de 60 millones de años luz, formando parte de un entorno galáctico complejo donde abundan las compañeras cercanas y las posibles interacciones gravitatorias.

A nivel morfológico, NGC 3913 muestra brazos espirales abiertos y algo irregulares, salpicados por regiones de formación estelar activa. Estas zonas, ricas en gas y polvo, son el escenario ideal para la evolución de estrellas masivas de vida corta, precisamente las candidatas a terminar sus días en explosiones de tipo supernova. La galaxia presenta así un equilibrio interesante entre poblaciones estelares jóvenes y estructuras dinámicas que reflejan su historia evolutiva.

En este contexto se produce la supernova SN 2026dix, clasificada como tipo IIb, una categoría particularmente interesante desde el punto de vista astrofísico. Las supernovas IIb representan un caso intermedio entre las de tipo II y tipo Ib: sus progenitores son estrellas masivas que han perdido la mayor parte, pero no la totalidad, de su envoltura de hidrógeno antes de explotar. Este hecho suele estar asociado a sistemas binarios, donde la interacción con una estrella compañera arranca gran parte de ese material.

Desde el punto de vista espectral, las supernovas IIb muestran inicialmente líneas de hidrógeno, aunque más débiles que en una tipo II clásica. Con el paso de los días, el espectro evoluciona y comienzan a dominar líneas de helio, asemejándose progresivamente a una supernova de tipo Ib. Este comportamiento transicional es precisamente la clave de su clasificación, y refleja de forma directa la estructura interna del progenitor en el momento de la explosión. Además, no es raro detectar elementos como calcio, oxígeno o hierro en fases más avanzadas, fruto de los procesos de nucleosíntesis desencadenados en la explosión.

Observacionalmente, la SN 2026dix ha mostrado ya una evolución clara en su brillo.  Esta imagen es de febrero y se mostraba una magnitud más brillante. Ya está en claro descenso. En esta etapa, la luminosidad comienza a estar dominada por la desintegración radiactiva de elementos como el níquel-56 y su producto de decaimiento, el cobalto-56, que liberan energía a medida que se transforman en hierro.

Este tipo de seguimiento es especialmente valioso, ya que permite documentar la evolución completa del evento. Más allá del impacto visual inicial, es en esta fase de descenso donde se obtiene información clave sobre la física de la explosión y la cantidad de material eyectado. Así, la SN 2026dix se convierte no solo en un punto brillante sobre NGC 3913, sino en un testigo directo de los procesos que enriquecen el medio interestelar y alimentan futuras generaciones de estrellas en los brazos espirales de la galaxia.

SN 2026fvx: una supernova brillante en la discreta NGC 4205


 La galaxia NGC 4205, situada en la constelación del Dragón, es uno de esos objetos discretos que normalmente pasan desapercibidos en los catálogos visuales. No es especialmente brillante ni presenta una morfología espectacular, apareciendo en el ocular como una tenue elongación difusa, casi estelar en condiciones poco favorables. Fue descubierta en el siglo XIX, por Heinrich Louis d'Arrest en el contexto de los grandes barridos sistemáticos del cielo profundo. Su carácter modesto hace que rara vez sea objetivo principal de observación… salvo cuando ocurre algo extraordinario en su interior.

Y eso es precisamente lo que ha sucedido recientemente. NGC 4205 se ha convertido en protagonista gracias a la aparición de una nueva supernova: SN 2026fvx. Este tipo de eventos transforma por completo la percepción de la galaxia, que pasa de ser una débil mancha a albergar un punto brillante fácilmente detectable incluso con telescopios modestos. De hecho, en muchas observaciones la supernova llega a destacar más que el propio núcleo galáctico, alterando completamente la imagen habitual del objeto.

La SN 2026fvx fue descubierta a mediados de marzo de 2026 por el sistema automático ATLAS, diseñado precisamente para detectar fenómenos transitorios en el cielo. Desde el punto de vista físico, se trata de una supernova de tipo Ia, es decir, la explosión termonuclear de una enana blanca en un sistema binario. Este tipo de supernovas son especialmente importantes en astronomía, ya que presentan una luminosidad muy uniforme y se utilizan como “candelas estándar” para medir distancias cosmológicas.

Tras su descubrimiento, la supernova experimentó un rápido aumento de brillo. Las primeras estimaciones la situaban en magnitudes cercanas a 17, pero en cuestión de días ascendió hasta valores en torno a la magnitud 12–13, convirtiéndose en uno de los eventos más brillantes del año. Este incremento la ha hecho accesible no solo a grandes observatorios, sino también a astrónomos aficionados, que han podido seguir su evolución prácticamente en tiempo real.

Este tipo de supernovas no solo resultan espectaculares desde el punto de vista visual, sino que también tienen un enorme valor científico. Las tipo Ia han sido clave para descubrir la expansión acelerada del universo, y cada nuevo evento permite afinar modelos, calibraciones y curvas de luz. En el caso de SN 2026fvx, su brillo relativamente elevado y su fácil accesibilidad la convierten en un objetivo ideal tanto para fotometría como para seguimiento amateur.

SN 2026ihi: un destello lejano en NGC 3861


La galaxia NGC 3861, situada en la constelación de Leo, es un objeto fascinante incluso antes de hablar de la supernova. Se trata de una espiral barrada con una débil estructura en anillo, perteneciente al cúmulo de Leo y situada a unos 300 millones de años luz de distancia. Fue descubierta por John Herschel en 1827 y, como muchas galaxias de este tipo, presenta regiones de formación estelar junto a un núcleo activo clasificado como Seyfert de baja luminosidad o incluso tipo LINER.

A escala cósmica, NGC 3861 es una galaxia relativamente grande, con unos 70.000 años luz de diámetro, y con una morfología que sugiere cierta dinámica interna compleja. En imágenes profundas, como la que tenemos aquí, destaca además por su entorno: no está aislada, sino inmersa en un campo rico en galaxias de fondo, lo que aporta una sensación de profundidad extraordinaria. En particular, la pequeña galaxia que parece superponerse visualmente al disco principal añade un atractivo especial, casi como si estuviéramos contemplando dos universos en una misma línea de visión.

En este escenario aparece la protagonista de la imagen: la supernova SN 2026ihi, descubierta a principios de abril de 2026 por el sistema ATLAS. Se trata de una supernova de tipo II, es decir, el colapso final de una estrella masiva que ha agotado su combustible nuclear. En el momento de esta observación se sitúa en torno a la magnitud 18, todavía accesible con equipos de aficionado bien configurados, aunque lejos de los grandes espectáculos visibles con telescopios modestos.

Lo interesante de NGC 3861 es que no es la primera vez que vemos estallar una estrella en su interior. En 2014 ya se detectó otra supernova, SN 2014aa, de tipo Ia, que alcanzó una magnitud mucho más brillante (en torno a la 15–16). Aquella explosión, fruto de un sistema binario con una enana blanca, fue considerablemente más luminosa que la actual, lo que permite comparar dos escenarios muy distintos: la muerte termonuclear de una estrella compacta frente al colapso del núcleo de una estrella masiva.

En la imagen, la supernova 2026ihi aparece como un punto estelar incrustado en el brillo difuso de la galaxia, casi discreta, obligándonos a buscarla con atención. No es una explosión dominante, sino más bien un destello efímero que se integra en la estructura galáctica. Este contraste, entre la violencia del fenómeno y su apariencia tenue, es uno de los aspectos más sugerentes de la observación.

Y sin embargo, ahí está: una estrella que ha dejado de existir hace 300 millones de años, cuya luz nos alcanza ahora y queda registrada en un sensor durante unos pocos minutos de exposición. Alrededor, galaxias lejanas, estrellas de nuestra propia Vía Láctea y, en medio, ese pequeño punto que marca un final… y al mismo tiempo, el inicio de nuevos elementos que algún día formarán otras estrellas, otros mundos, quizá otras historias que también acabarán siendo observadas desde la distancia.

sábado, 18 de abril de 2026

SN 2026gwx: una nueva luz en la espiral de NGC 3689

 


En el corazón de la constelación de Leo se encuentra la discreta pero interesante galaxia espiral NGC 3689, un sistema intermedio clasificado como SAB(rs)c, con una estructura en la que se insinúa una barra débil y brazos relativamente abiertos. Situada a una distancia del orden de 130–150 millones de años luz, su luz nos llega desde una época en la que la Tierra comenzaba a ver aparecer las primeras aves modernas. No es una galaxia especialmente brillante (magnitud visual ~12,3), pero sí lo bastante accesible para telescopios de aficionado bien equipados.

Su historia observacional se remonta a finales del siglo XVIII, cuando fue descubierta por William Herschel el 6 de abril de 1785, en plena era de los grandes barridos sistemáticos del cielo profundo. Herschel, sin saberlo, estaba catalogando una de las innumerables “islas universo” que más de un siglo después revelarían su verdadera naturaleza extragaláctica. Hoy sabemos además que NGC 3689 no es una galaxia aislada: presenta emisión en radio que se extiende más allá de su disco visible y cuenta con al menos un pequeño sistema de galaxias satélite, lo que sugiere una evolución dinámica activa dentro de su entorno local.

Como tantas galaxias espirales, NGC 3689 es también escenario de eventos transitorios de enorme energía. En ella se han registrado varias supernovas en los últimos años, testigos de la muerte de estrellas masivas o de sistemas binarios extremos. Entre ellas destaca la reciente SN 2026gwx, descubierta en marzo de 2026 por el Zwicky Transient Facility y que, tras una primera clasificación provisional, ha sido identificada como una supernova de tipo Ib, es decir, el colapso del núcleo de una estrella masiva que ha perdido previamente su envoltura de hidrógeno.

Este tipo de supernovas resulta especialmente interesante porque revela etapas avanzadas de evolución estelar en sistemas donde los vientos estelares o la interacción binaria han despojado a la estrella de sus capas externas. Lo que vemos en SN 2026gwx es, en esencia, el instante final de una estrella masiva que, tras millones de años de evolución, colapsa sobre sí misma y libera una enorme cantidad de energía en cuestión de días. Su brillo observado en estas semanas se mantiene en torno a la magnitud 16, con una evolución todavía lenta, lo que la convierte en un objetivo atractivo para el seguimiento fotométrico.

La supernova aparece como un punto estelar perfectamente integrado en el disco de la galaxia, casi discreto, pero con la importancia física de un evento capaz de eclipsar durante días la luminosidad combinada de miles de millones de estrellas. Este contraste entre apariencia y realidad es, probablemente, uno de los aspectos más fascinantes de la observación de supernovas: pequeñas “estrellas” que en realidad son cataclismos cósmicos a escala galáctica.


viernes, 17 de abril de 2026

SN2026acd, una supernova en NGC 4168


 La galaxia NGC 4168, situada en la constelación de Virgo, es un miembro del conocido cúmulo de Virgo, una de las estructuras galácticas más cercanas y estudiadas del universo local. Se trata de una galaxia elíptica clasificada como tipo E2, localizada a una distancia aproximada de 30–32 megapársecs (en torno a 100 millones de años luz). A diferencia de la imagen clásica de las galaxias elípticas como sistemas envejecidos y pasivos, NGC 4168 presenta un rasgo especialmente interesante: su núcleo es activo, estando catalogada como una galaxia Seyfert tipo II. Esto indica la presencia de un agujero negro supermasivo central que está acreciendo material y generando emisión energética detectable, lo que añade un nivel adicional de complejidad a un sistema que, en apariencia, podría parecer tranquilo.

En este entorno aparentemente sereno es donde ha tenido lugar un fenómeno mucho más violento: la aparición de la supernova SN 2026acd, descubierta en enero de 2026 por el sistema de vigilancia ATLAS. Esta supernova ha sido clasificada como tipo Ia, es decir, el resultado de la explosión termonuclear de una enana blanca en un sistema binario. Este tipo de eventos tiene una gran importancia en astrofísica, ya que presentan una luminosidad intrínseca muy uniforme, lo que permite utilizarlos como candelas estándar para medir distancias extragalácticas. En su máximo, SN 2026acd alcanzó una magnitud en torno a la 14 y actualmente se encuentra ya en fase de declive, siguiendo la curva de luz característica de este tipo de explosiones.

La supernova no se sitúa en el núcleo de la galaxia, sino claramente desplazada respecto a él, lo que facilita enormemente su observación y análisis. Esta posición periférica es habitual en supernovas de tipo Ia, que no están asociadas a regiones de formación estelar reciente, como sí ocurre con las de tipo II. En la imagen se aprecia como un punto estelar bien definido superpuesto al halo difuso de la galaxia, destacando por contraste frente al fondo. Este tipo de configuraciones resulta especialmente favorable para estudios fotométricos, ya que la contaminación del brillo nuclear es menor y permite seguir con precisión la evolución de su luminosidad.

El campo en el que se encuentra NGC 4168 es particularmente rico, como corresponde a su pertenencia al cúmulo de Virgo. Muy cerca aparece NGC 4165, una galaxia espiral barrada notablemente más débil y alargada, que establece un interesante contraste morfológico con la elíptica dominante. Mientras NGC 4168 muestra un perfil de brillo suave y sin estructura interna aparente, NGC 4165 deja entrever su naturaleza discoidal, aunque con menor intensidad superficial. Esta proximidad aparente entre ambas galaxias no solo aporta belleza al encuadre, sino que refleja la alta densidad de galaxias característica de este cúmulo, donde interacciones y asociaciones gravitatorias son frecuentes.

Además de estas dos galaxias principales, el campo está salpicado de numerosas galaxias débiles de fondo, apenas perceptibles como pequeñas manchas difusas. Este detalle, que a menudo pasa desapercibido en una primera observación, es en realidad una de las señas de identidad de las regiones del cielo dominadas por grandes cúmulos galácticos. Cada uno de esos débiles objetos representa sistemas completos situados a distancias comparables o incluso mayores, reforzando la sensación de profundidad y escala cósmica que ofrece este tipo de imágenes.

martes, 31 de marzo de 2026

El entorno de NGC 3998, un grupo de galaxias en la Osa Mayor

 En este campo de la Osa Mayor conviven varias galaxias bien distintas. La dominante es NGC 3998, una lenticular cercana con núcleo activo, acompañada por la pequeña NGC 3990. Más a la derecha aparecen NGC 3977 y la bella espiral inclinada NGC 3972. Aunque en la imagen parecen vecinas, no todas lo son realmente: algunas están separadas por centenares de millones de años luz y solo coinciden en nuestra línea de visión. El fondo, sembrado de pequeñas manchas apenas perceptibles, delata además la presencia de numerosas galaxias más lejanas que los atlas visuales clásicos no siempre etiquetan


Dominando la escena aparece NGC 3998, una galaxia lenticular de magnitud aproximada 12.1 situada a unos 45–50 millones de años luz. A primera vista muestra la morfología típica de una lenticular brillante: un bulbo dominante y ausencia de estructura espiral evidente. Sin embargo, su interés físico es considerablemente mayor de lo que su aspecto sugiere. NGC 3998 alberga un núcleo activo (AGN tipo LINER), alimentado por un agujero negro supermasivo. Observaciones en radio revelan una característica estructura en forma de “S”, interpretada como el resultado de episodios recientes de acreción y de una posible reorientación del disco de gas. Este tipo de comportamiento la sitúa en una categoría intermedia entre galaxias pasivas y núcleos activos más energéticos.

Muy próxima angularmente a NGC 3998 se encuentra NGC 3990, una galaxia más débil (magnitud ~13.5) y de menor tamaño aparente. Aunque su morfología no está claramente definida en observaciones de resolución moderada, su proximidad en el cielo y su posible pertenencia al mismo entorno galáctico sugieren que podría formar parte del mismo sistema o subgrupo. En la imagen aparece como un objeto elongado, lo que apunta a una inclinación significativa o a una estructura interna parcialmente resuelta.

Este tipo de pares, donde una galaxia dominante está acompañada por sistemas más pequeños, es habitual en entornos de grupo y puede reflejar interacciones pasadas o procesos de acreción.

NGC 3977, una galaxia espiral más lejana, situada aproximadamente a 280 millones de años luz. A pesar de su proximidad angular, ambas galaxias no forman un sistema físico. Su aparente vecindad es consecuencia de una alineación fortuita en la línea de visión, un fenómeno frecuente en el cielo profundo.

En la región inferior derecha del campo destaca NGC 3972, una galaxia espiral intermedia (SAB(r)b) situada a unos 65 millones de años luz. Su estructura es claramente visible: un núcleo brillante rodeado por un disco inclinado en el que se insinúan los brazos espirales. Pero su interés va más allá de su estética. NGC 3972 ha sido escenario de la supernova SN 2011by, de tipo Ia, ampliamente estudiada en el contexto de la calibración de distancias extragalácticas. Este tipo de supernovas, utilizadas como candelas estándar, son fundamentales en la determinación de la escala del universo y en el estudio de la expansión cósmica.


Imagen tomada solo para probar el equipo, el 30 de marzo de 2026, con una luna creciente casi llena. Telescopio C14 y la cámara QHY 268 MM. Coordenadas11h 56m 55.656s +55° 23' 39.978". Tamaño: 28.1 x 17.1 arcmin

Aunque los atlas clásicos solo destacan unas pocas galaxias brillantes en este campo, una exposición más profunda revela una población mucho más rica. Decenas de sistemas extragalácticos emergen del fondo, muchos de ellos sin identificación inmediata en catálogos tradicionales. Estas galaxias, a menudo situadas a cientos de millones de años luz, convierten este modesto encuadre en una auténtica sección del universo profundo.


lunes, 2 de marzo de 2026

SN2025ajnc, una supernova en una galaxia Seyfert

 La galaxia NGC 5674, situada en la constelación de Virgo y a unos ~241 millones de años-luz de distancia, es una elegante galaxia espiral intermedia (tipo SABc). Su barra débil y sus brazos abiertos la convierten en un objetivo fotogénico, mientras que su núcleo activo tipo Seyfert II indica que en su corazón se están produciendo procesos energéticos intensos ligados a un agujero negro supermasivo en actividad.

La galaxia forma parte de una estructura mayor relacionada con el Cúmulo de Virgo y probablemente ha experimentado interacciones con galaxias vecinas, moldeando su evolución.



SN 2025ajnc fue detectada en diciembre de 2025, con un brillo cercano a ~15.8 magnitud en el momento del descubrimiento. El 25 de febrero de 2026 se encontraba ya en la magnitud ~17.45 mag en banda G en claro declive. Es una explosión de tipo Ia, detonación termonuclear de una enana blanca en un sistema binario. Las supernovas Ia son valiosas como candelas estándar y ayudan a afinar estimaciones de distancia en el universo local.

Esta combinación de estructura espiral bien definida, actividad nuclear y eventos transitorios como supernovas convierte a NGC 5674 en una galaxia fascinante tanto para astrónomos aficionados como para estudios profesionales.

domingo, 1 de marzo de 2026

SN 2026dix: una supernova tipo IIb en NGC 3913

El 16 de febrero de 2026, el proyecto MASTER detectó una nueva supernova en la galaxia espiral NGC 3913, designada como SN 2026dix. Esta explosión fue clasificada como tipo IIb, un subtipo de supernovas de colapso de núcleo que indica que la estrella progenitora había perdido gran parte de su envoltura de hidrógeno antes de explotar.


En la imagen tomada el 25 de febrero de 2026 desde el Observatorio Posadas (MPC J53), la supernova se sitúa a unos 15.7 mag en banda G, posicionándose como un objeto relativamente brillante dentro de su galaxia anfitriona.

Las supernovas tipo IIb son clave para comprender los últimos momentos de estrellas masivas y los mecanismos de pérdida de masa que preceden al colapso final. Su estudio combina espectroscopía detallada, curvas de luz y modelos de evolución estelar para reconstruir la historia de la estrella que la originó.

viernes, 27 de febrero de 2026

Un impostor de supernova: AT 2000ch

 Aunque inicialmente se reportó como una posible supernova cuando fue descubierto en el año 2000, con el paso del tiempo AT 2000ch ha demostrado ser un caso paradigmático de lo que los astrónomos llaman un “supernova impostor”: una estrella masiva que sufre erupciones repetidas de gran brillo sin llegar a una explosión terminal.

Este comportamiento lo acerca a fenómenos observados en otros objetos como SN 2009ip o incluso las erupciones históricas de η Carinae, aunque con sus propias peculiaridades.

Descubierto en mayo de 2000 durante el Lick Observatory Supernova Search, con una magnitud visual alrededor de ~17.5–17.8. Posteriores campañas de seguimiento demostraron que no se trataba de una explosión terminal, sino de una estrella extremadamente variable con múltiples re-brillos y caídas rápidas de brillo. Desde 2000 hasta 2022, se han documentado más de 20 episodios eruptivos, con picos de brillo que pueden aumentar varios magnitudes respecto a su nivel de base.

Los estudios modernos han identificado que, especialmente después de ~2008, los episodios de erupción de AT 2000ch parecen repetirse con cierta regularidad en torno a un periodo de aproximadamente 200–201 días. Esto sugiere un posible sistema binario excéntrico donde cada acercamiento entre las estrellas — probablemente incluyendo una estrella masiva inestable — desencadena una erupción.


Esta imagen del 25 febrero de 2026, con magnitud ~18.95 G, muestra al objeto en plena fase de actividad, comparable en brillo a otros episodios menores documentados en los últimos años.

LBV 2016blu en NGC 4559

En la galaxia espiral NGC 4559, a unos ~22 millones de años-luz de distancia, se encuentra uno de los objetos variables extragalácticos más interesantes de los últimos años: LBV 2016blu (también catalogado como AT 2016blu).

Se trata de una Luminous Blue Variable (LBV), es decir, una estrella extremadamente masiva e inestable que atraviesa episodios eruptivos durante las últimas fases de su evolución. Estos estallidos pueden aumentar su brillo varios órdenes de magnitud sin que la estrella llegue a explotar como supernova. Por eso se la denomina también una “supernova impostora”. Las LBV representan una fase extremadamente breve en la vida de las estrellas más masivas. Son precursoras potenciales de supernovas de tipo IIn o incluso de eventos más energéticos.

Los estudios fotométricos y espectroscópicos publicados en los últimos años indican que:

  • Es una estrella muy masiva, con una masa inicial estimada ≳ 30 masas solares.
  • Su luminosidad es del orden de 10⁵–10⁶ veces la del Sol.
  • Presenta múltiples erupciones recurrentes desde al menos 2012.
  • Los estallidos tienen amplitudes típicas de 1–2 magnitudes.
  • Cada episodio puede durar semanas.

Lo más interesante es que el análisis de la curva de luz revela una cuasi-periodicidad de ~113 días. Esto ha llevado a proponer que el sistema podría ser binario excéntrico, donde cada paso por el periastro desencadena un nuevo episodio eruptivo, probablemente por interacción gravitatoria o transferencia de masa.


Esta imagen obtenida la obtuve en marzo de 2014 con un Celestron C11, LBV 2016blu se encontraba también en fase eruptiva. Sin embargo, su brillo aparente no fui capaz de medirlo. Es la estrellita señalada con una flecha en el recuadro superior izquierda.




En la imagen del 25 de febrero de 2026, LBV 2016blu vuelve a mostrarse claramente. El objeto aparece medido en torno a magnitud 17.9 G, consistente con un episodio eruptivo moderado dentro de su patrón recurrente.

Si consideramos la periodicidad aproximada de 113 días, no resulta sorprendente encontrarla nuevamente en actividad. De hecho, esta regularidad parcial es uno de los aspectos más fascinantes del sistema: no es un fenómeno caótico puro, sino que parece existir un mecanismo orbital que modula los estallidos.