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domingo, 9 de febrero de 2025

Sirio B en 2025

 Vamos a viajar en el tiempo 200 millones de años. La estrella Sirio sería muy diferente a la que conocemos hoy en día. Formaría un sistema binario con dos estrellas: una azul y otra blanca que respectivamente tendrían 5 y 2 masas solares respectivamente. Sería una estrella doble realmente espectacular.

Unos 80 millones de años después la estrella más masiva consumió el hidrógeno de su núcleo y para continuar irradiando energía se transforma en gigante roja: empieza a quemar hidrógeno en capas más exteriores que rodean al núcleo y se expande, enfriándose, lo que hace que se enrojezca. Imaginaros ahora cómo sería la visión del sistema binario: una gigante roja y una estrella blanca espectacular.

Representación del sistema binario formado por una gigante roja y una estrella blancozaulada

Pero la gigante roja no puede mantenerse durante mucho tiempo una vez que agota su combustible nuclear, la fuerza de la gravedad no es suficiente para retener las capas más externas y estas se van perdiendo en forma de nebulosa planetaria, quedando solo el remanente del núcleo estelar que es la enana blanca que actualmente vemos.

¿Pero cómo se descubrió esta estrellita tan especial? En 1844 Bessel midió el movimiento de Sirio y comprobó que no era rectilíneo, como debería esperarse. Esto solo podía explicarse por la existencia de otro cuerpo invisible que afectaba gravitacionalmente y alteraba el desplazamiento de la estrella principal.

En 1851 Christian Peters calculó un modelo orbital para este nuevo cuerpo muy preciso. Era una estrella blanca que orbitaba en torno a Sirio A.

Órbita de Sirio B respecto a la estrella principal con un periodo de 50 años

En 1862 Alvan Graham Clark, hijo del fundador de Alvan Clark & Sons, empresa estadounidense especializada en la construcción de lentes de telescopios, se encontraba probando un objetivo de 48 cm destinado al observatorio de Dearborn y para descubrir imperfecciones en la lente apuntó a Sirio. De pronto vio un pequeño puntito cerca de la estrella. Pensó que era un defecto de la lente, apuntó a otras estrellas brillantes y ofrecían una imagen pura y limpia, volvió a apuntar a Sirio y volvía a aparecer ese puntito. Sin duda era una estrella real, había detectado visualmente a Sirio B, la enana blanca.


Alvan Graham Clark (extraído de Wikipedia)

Ahora mismo, por su órbita, estamos en el mejor momento para intentar su observación. No hay que perder la oportunidad para intentarlo. La gran dificultad es la diferencia de 10 magnitudes entre ambas componentes. Esta imagen es el resultado mediante apilado manual de unas 50 imágenes de un total de 1500 realizado con Astroart. Pensad que esa estrellita tiene una masa parecida a la de nuestro Sol pero contenido en un tamaño como el de nuestro planeta Tierra, así que su densidad es altísima. Impresionante.

Sirio B observada a través de un Celestron 11" el pasado 5 de febrero

Y así es cómo se observa en directo en una observación real el pasado 5 de febrero. La turbulencia hace que muchas veces la débil estrella quede oculta entre los destellos de la brillante Sirio, pero ahí está, débil, temblorosa, entre el intenso fulgor de la estrella principal.




viernes, 24 de enero de 2025

Desdoblando a Sirio

 Desdoblar al sistema orbital de la estrella más brillante del cielo detectando a la esquiva Sirio B es uno de los retos más bonitos que tiene el aficionado a las estrellas dobles. Este mes de enero  se encuentra en una posición inmejorable para poder conseguirlo.

En 1860 la Universidad de Mississipi le encargó un objetivo de 18 pulgadas de diámetro a Alvan Clark para tener el mayor telescopio refractor de los Estados Unidos. Un encargo de esta envergadura no era tarea fácil para el pequeño taller que poseían y no fue hasta 1862 cuando estuvo terminado.  El 31 de enero de 1862 Alvan y su hijo estaban haciendo pruebas con la lente para detectar posibles imperfecciones y apuntaron a Sirio. En un principio vieron una pequeñísima estrella junto al brillo de la componente principal y pensaron que era un reflejo debido a alguna imperfección en el pulido de la lente, pero tras varias observaciones y pruebas, determinaron que sin duda alguna era una estrella real. Aquella fue la primera observación visual de Sirio B. Esta observación supuso una publicidad sin precedentes para los objetivos construidos por los Clark y los encargos se multiplicaron a partir de esa fecha consiguiendo algunos de los mejores de aquella época. La firma de los Clark venía avalada siempre por una calidad fuera de toda duda. Curiosamente, debido a la Guerra de Secesión, aquel objetivo acabó en el observatorio de Dearbon, continuando fundamentalmente con observaciones planetarias y de estrellas dobles.

La existencia de Sirio B se conocía desde 1844 cuando Bessel dedujo a partir de las oscilaciones en el movimiento propio de Sirio que debía tener una compañera invisible. Poco tiempo después (1851)  Christian Peters se atrevió a establecer un modelo orbital para aquella estrella invisible con un periodo orbital de 50 años, sorprende hoy día comprobar la precisión de aquellos cálculos.

¿Y cómo se descubrió la verdadera naturaleza de Sirio B? No fue hasta 1915 cuando se obtuvo el primer espectro de la estrella utilizando el telescopio reflector de 1,5 metros del Observatorio de Monte Wilson confirmando que era una débil estrella blanquecina. Debido a la distancia a la que se encuentra el  sistema (solo 8,6 años-luz) no podía ser otra cosa que una enana blanca, una de las primeras descubiertas.


La primera medición del diámetro de Sirio B fue realizada en 1959 desde el interferómetro  de intensidad estelar de Jodrell Bank, pero no fue hasta la llegada del telescopio espacial Hubble cuando en 2005 determinó que eran aproximadamente 12.000 km, muy parecido al diámetro de nuestro propio planeta  pero con una masa muy parecida a la solar, por lo que su densidad es altísima.

Actualmente y durante los próximos años tenemos un periodo inmejorable para intentar su observación directa a través de nuestros telescopios.  Acaba de pasar el apoastro (el punto más alejado en la órbita del sistema) y por lo tanto su separación es máxima, alejándola dentro de lo posible del intenso resplandor de Sirio A y facilitando de este modo su observación. La gran dificultad radica en la diferencia de magnitudes de ambas estrellas. Como bien sabemos, Sirio A es la estrella más brillante del cielo con una magnitud de -1,46 y Sirio B es de la 8,3. Esto significa que hay una diferencia de casi 10 magnitudes entre las dos y el deslumbramiento de la más débil es máximo.




Estas son las efemérides del sistema de Sirio para los próximos años. La distancia angular se mide en segundos de arco y el ángulo de posición (A.P.) en grados.

Año

Separación angular

A.P.

2025

11,26

59

2026

11,16

67,1

2027

11,03

55,2


A modo de ejemplo, y teniendo en cuenta las particularidades únicas de cada equipo, mediante un Celestron 11 y una cámara ZWO ASI 290 MM pude captarla usando una exposición de 67 milisegundos, una ganancia de 393 y una gamma de 82. Estos valores son los que usé en mi captura y solo pretenden ser orientativos. Como decía antes, cada equipo tiene sus propias limitaciones y debemos jugar con los parámetros de nuestra cámara hasta obtener la mejor imagen de Sirio B.


Y así es como se ve realmente en una observación en directo



No perdáis la oportunidad e intentadlo. Es un reto y una experiencia única que no olvidaremos jamás en nuestra vida.  Sirio en particular tiene una magia y una impronta realmente únicas que nos marcará para siempre ¡Suerte en la observación!

(Artículo aparecido en la revista Astronomía en enero del año 2019)