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jueves, 5 de noviembre de 2026

(3200) Phaethon: el misterioso asteroide que da origen a las Gemínidas

A primera vista, el pequeño punto luminoso que destaca en el centro de la imagen podría confundirse con una estrella más. Sin embargo, se trata de un visitante mucho más cercano: el asteroide (3200) Phaethon, uno de los objetos más singulares que recorren las regiones interiores del Sistema Solar.

La fotografía fue obtenida desde nuestro observatorio de Posadas (Córdoba), mediante la combinación de 40 exposiciones de 20 segundos, que suman un tiempo total de integración de 13 minutos y 20 segundos. Las imágenes fueron alineadas siguiendo el desplazamiento del asteroide, de manera que Phaethon aparece como un punto luminoso, mientras que las estrellas del fondo, inmensamente más lejanas, se transforman en trazos alargados y difusos. Es una forma muy gráfica de poner de manifiesto el movimiento de estos pequeños cuerpos sobre el fondo aparentemente inmóvil de las estrellas.

Phaethon fue descubierto el 11 de octubre de 1983 por los astrónomos Simon F. Green y John K. Davies, a partir de imágenes obtenidas por el satélite infrarrojo IRAS (Infrared Astronomical Satellite). Su descubrimiento tuvo una particularidad histórica: fue el primer asteroide identificado mediante observaciones realizadas desde un satélite artificial. Recibió inicialmente la designación provisional 1983 TB, antes de ser numerado y bautizado con su nombre actual.

Su denominación procede de la mitología griega. Faetón, hijo de Helios, el dios del Sol, quiso conducir el carro solar de su padre, pero perdió el control de los caballos y estuvo a punto de incendiar la Tierra. Una historia que, como veremos más adelante, resulta especialmente apropiada para este pequeño mundo.

Se estima que Phaethon tiene un diámetro de aproximadamente 5 kilómetros, una superficie relativamente oscura y un periodo de rotación cercano a las 3,6 horas. Su magnitud absoluta, H ≈ 14,4, refleja el brillo que tendría bajo unas condiciones geométricas normalizadas, mientras que sus características espectrales lo sitúan entre los asteroides de tipo B, una clase poco común de cuerpos primitivos.

Pese a su modesto tamaño y a su apariencia completamente estelar en nuestras imágenes,  esconde una historia astronómica extraordinaria. Para descubrirla, debemos abandonar por un momento el campo del telescopio y contemplar su recorrido alrededor del Sol.

La órbita de Phaethon, representada en la imagen para el 31 de octubre de 2026, día de nuestra observación, explica buena parte de su extraordinaria naturaleza. A diferencia de las trayectorias casi circulares de los planetas, el asteroide describe una elipse extremadamente alargada, con una excentricidad de 0,89 y una inclinación de unos 22,3° respecto al plano de la eclíptica. Completa una revolución alrededor del Sol cada 524 días, aproximadamente un año y cinco meses.

Su recorrido lo lleva desde las proximidades del Sol hasta más allá de la órbita de Marte. En el perihelio se aproxima a tan solo 0,14 unidades astronómicas, unos 21 millones de kilómetros, mucho más cerca que Mercurio. Allí, sometida a una radiación solar intensísima, su superficie puede alcanzar temperaturas cercanas a los 750 °C. Por el contrario, en el afelio se aleja hasta unas 2,4 unidades astronómicas. Durante su recorrido atraviesa las regiones orbitales de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, una circunstancia que, junto con su elevada excentricidad, explica su clasificación entre los asteroides Apolo y los objetos potencialmente peligrosos (PHA). Esta última denominación responde a criterios orbitales y de tamaño, y no significa que exista una amenaza de impacto conocida.

Pero lo más sorprendente de Phaethon no es solamente su órbita, sino su desconcertante naturaleza. Aunque está clasificado como asteroide, presenta algunas características que recuerdan a los cometas. Durante décadas, los astrónomos se preguntaron si podía tratarse de un antiguo núcleo cometario que, tras perder buena parte de sus materiales volátiles, hubiera quedado reducido a un cuerpo aparentemente inactivo.

La cuestión adquirió un interés especial cuando se descubrió que es el progenitor de las Gemínidas, una de las lluvias de meteoros más intensas y regulares del año. En 1983, poco después del descubrimiento del asteroide, el astrónomo Fred Whipple advirtió que su órbita coincidía extraordinariamente bien con la de los meteoros de esta corriente. Cada mes de diciembre, cuando la Tierra atraviesa la nube de partículas distribuidas a lo largo de aquella trayectoria, numerosos fragmentos penetran en nuestra atmósfera y producen las conocidas estrellas fugaces que parecen irradiar desde la constelación de Géminis.

La asociación resultaba desconcertante. Las lluvias de meteoros suelen estar relacionadas con cometas que, al aproximarse al Sol, liberan polvo y pequeños fragmentos de su superficie. Sin embargo, Phaethon se comportaba aparentemente como un asteroide rocoso, sin la coma ni la característica cola que cabría esperar de un cometa activo.

El misterio se hizo todavía más interesante cuando el observatorio espacial STEREO detectó, en 2009, un aumento inesperado de su brillo y la aparición de una pequeña cola durante su paso por el perihelio. Inicialmente se interpretó como la expulsión de polvo provocada por las elevadísimas temperaturas, capaces de fracturar las rocas superficiales. De ahí que Phaethon comenzara a ser conocido en ocasiones como un cometa rocoso.

Sin embargo, las observaciones realizadas por el observatorio solar SOHO en 2022, estudiadas y publicadas en 2023, revelaron algo sorprendente: la cola observada no estaba formada principalmente por partículas de polvo, sino por átomos de sodio liberados de su superficie, que brillan al recibir la radiación solar. Este descubrimiento planteó una nueva dificultad. Si la actividad que observamos actualmente no produce cantidades significativas de polvo, ¿de dónde proceden los innumerables fragmentos que originan las Gemínidas?

Una posibilidad es que, hace varios miles de años, Phaethon experimentara un episodio mucho más violento de pérdida de material, quizá relacionado con una fragmentación parcial de su superficie. Aquel acontecimiento habría dispersado los restos que hoy forman la corriente meteórica. No obstante, el mecanismo exacto sigue siendo objeto de investigación.

Así, el pequeño punto luminoso que registramos con nuestro telescopio no es simplemente otro asteroide cercano a la Tierra. Es también el responsable de uno de los espectáculos astronómicos más conocidos del cielo de diciembre y un cuerpo cuya verdadera naturaleza continúa planteando preguntas a los investigadores.

Para terminar, la animación muestra el desplazamiento real de (3200) Phaethon entre las estrellas, tal como lo registramos desde nuestro observatorio de Posadas (Córdoba) durante la noche del 31 de octubre de 2026. La secuencia se obtuvo entre las 21:49 y las 22:05, hora local, mediante exposiciones individuales de 20 segundos. En la parte superior de la imagen puede distinguirse el pequeño punto luminoso que cambia de posición mientras las estrellas permanecen inmóviles. Su magnitud medida fue de aproximadamente 15,3 G.

En aquel momento, Phaethon se encontraba a unos 0,6 unidades astronómicas de la Tierra, aproximadamente 90 millones de kilómetros, y presentaba un movimiento aparente de 3,47 segundos de arco por minuto. Una velocidad suficiente para apreciar claramente su desplazamiento en apenas unos minutos de observación. Resulta curioso pensar que ese diminuto punto, aparentemente perdido entre centenares de estrellas, es un pequeño mundo de varios kilómetros de diámetro que recorre el Sistema Solar siguiendo una de sus órbitas más singulares. Y que, cada diciembre, los restos que dejó dispersos a lo largo de su trayectoria nos regalan el hermoso espectáculo de las Gemínidas.